El perro de Manolo

Adriana Morán Sarmiento. A Ysabel Carolina Toda la universidad, completa, tenía sólo seis salones de clases en un bloque, otros ubicados en espacios externos, y un gran edificio en construcción al que, como estudiantes, nunca vimos terminado. Siempre la llamé “la construcción”, aun cuando, seis años después de graduada, regresé a trabajar y seguí conviviendoSigue leyendo «El perro de Manolo»

La vida de Frederick Douglass narrada por él mismo

“Ahora, si le enseñas a leer a este negro, no habrá forma de mantenerlo encerrado aquí. Ya nunca más será apto para servir como esclavo. Se volverá inmanejable enseguida y carecerá de valor alguno para su patrón. En cuanto a él mismo, no le hará ningún bien, sino un enorme mal. Lo hará triste eSigue leyendo «La vida de Frederick Douglass narrada por él mismo»

Marente de Moor

Dice Juan Crasci, editor de AñosLuz, sobre Los grandes sonidos. «Los grandes sonidos, de Marente de Moor, representa al mismo tiempo una ruptura y una continuidad con respecto a las traducciones que publicamos con añosluz editora. Ruptura, porque por primera vez trabajamos con una obra no rusa; y continuidad, porque la autora vivió más deSigue leyendo «Marente de Moor»

Puerto Nuevo. Capítulo 2

Ernesto J. Navarro La mortaja de papá Lionzo Lionzo Navarro tenía secretos, eso decían en la Sierra de Falcón. Los secretos estaban contenidos en un conjunto de oraciones, escritas a mano dentro de una libreta forrada con piel de chivo, y que él protegió hasta la tumba, sin abrírsela jamás a otro mortal. Mucho seSigue leyendo «Puerto Nuevo. Capítulo 2»

Agota Kristof

Los números equivocados No sé qué pasa con mi número de teléfono. Se debe de parecer a muchos otros. No me quejo. Cada llamada es una distracción de mi monótona existencia. Desde que estoy en el paro, a veces me aburro un poco. No siempre, claro. Los días pasan asombrosamente rápido. A veces hasta meSigue leyendo «Agota Kristof»

Notas de cocina de Leonardo da Vinci 

Adriana Morán Sarmiento. Hay libros que atrapan desde la primera mirada. Sí, el amor a primera vista existe. Luego al hojearlos, olerlos, tocarlos y sentirlos viene una segunda ráfaga de ímpetu. Leerlos se convierte entonces en un placer.