Pablo Krantz

26 AÑOS

(CANCIÓN DE AMOR PARA LA CHICA DE LA FOTOCOPIADORA)

No pertenezco a ese mundo.
No pertenezco a ese mundo.
No vengo del espacio exterior
pero tampoco pertenezco a ese mundo.
Chicas que sonríen porque vieron tu nombre en los diarios,
¿era eso lo que estabas buscando?
Soy demasiado débil para ese mundo.
Soy demasiado fuerte para ese mundo,
y pueden pensar que soy un simple idiota
o que soy un idiota complicado,
pero no pertenezco ahí.
Hay demasiada poca gente como para ocultarse
y demasiada gente como para poder irse.
Oh, tu cabello huele bien,
pero tu cabeza apesta.
Tu boca luce preciosa,
pero no dejes que salga nada de su interior
¿Qué es lo que quiero después de todo?
¿Una casita en las praderas?
¿Casarme con la chica de la fotocopiadora
que dice “¡Ah, sos escritor!”,
y pone cara como si yo fuera un experto en álgebra
pero buen mozo?
¿Debo hacer el balance de la noche que pasó
o debo arrojarme por la ventana ahora mismo?
Bah, ¿a quién le importa?
Mañana nadie recordará ni tu nombre.
¿Qué quería esa chica?
No quería sexo;
quería ser vista conmigo
y con unos quince sujetos más.
Soñaba con armar una nueva élite
que gobierne el mundo
y vaya a sus fiestas,
y las haga figurar en la contratapa de las revistas.
Sí, todo podría ser peor,
pero no me atrevo ni a imaginármelo.
¿Qué harás por mí?
¿Me conseguirás trabajo?
¿Me conseguirás contratos?
¿Me conseguirás amantes?

Bueno, ya que preguntás,
quisiera acostarme con vos entre las máquinas duplicadoras,
y escribir un cuento con chicas que se ríen como caballos
y después hacen el amor como cámaras de video.
Díganme, ¿podrá el mundo perdonarme
el hecho de que no haya nadie
dentro mío?
¿Podré yo mismo perdonarme
el hecho de que todos puedan entrar
a mi cabeza
sin pedir permiso?
¿Cómo puede alguien aceptar
una tan tremenda necesidad?
Si este mundo es un sueño,
el mundo del espectáculo
es un sueño dentro del sueño,
y la gente que viene a saludarte
lleva ya muchos años muerta.
Y si alguien ha oído hablar de mí,
que me haga el favor de olvidarme:
el olvido es una muerte
mucho más agradable que la real.
Déjenme en paz.
Déjenme solo.
Quisiera cambiar mi vida,
pero soy demasiado ambicioso.
Las apuestas están a mi favor,
pero la vida parece estar en mi contra.
Ya no sé si el destino me sonríe
o si tiene labio leporino;
si el futuro me guiña un ojo
o si es jodidamente bizco.
No escuchen nada de lo que digo
pero recuerden cada cosa que no dije,
y mi consejo
para los que se obstinen en vivir:
vayan lo más rápido que puedan
y nunca miren atrás.
Si el mundo del espectáculo
es un sueño dentro de un sueño,
la gente que sueña con él
está dos o tres sueños atrasada
con respecto a la vida real,
a la que nadie ha visto nunca por aquí.

Revista Muu+
Octubre 2010

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