Alejandro Schmidt

El jorobado

en la madrugada
por el vidrio roto de la escarcha
alguien llama a su perro

silba
insiste
llama a su perro

si una vez
una sola vez
hubieran llamado así
a mi corazón

no llevaría esta joroba
cuando sale el sol.


Un hombre va al trabajo

Un hombre va al trabajo
con una chaqueta liviana y una camisa
gastada, celeste, a rayas

camina bajo el temporal
hunde sus botines de caza
con el opaco gesto que guardó desde su infancia

la lluvia equivale a su elogio de lágrimas
y esa pobre vieja torpe
–es lo que piensa mirando adelante
un brazo sobre el corazón cubriendo su camisa–
y esa pobre vieja torpe
es tu madre
el sitio donde te transfiguraste…

Cuando llego a la escuela industrial
donde vigilo la sangre de los niños
las secretarias me miran con piedad
(con ese amor destinado al que perdió su vida
y no lo sabe
al que perdió su vida y lo sabe)
y me prestan un peine y una toalla rota
esa misma en donde limpian sus aguas
de tintas y restas…

Estoy conforme
no quiero que nadie me dé nada
sólo abran las puertas del Infierno

y caminaré hasta las pezuñas de oro
mojado por las memorias de la eternidad

ando pegado a la pared
para evitar la ceguera de los autos

una puerta se abre
y veo
los tormentos de un ambiente apacible
mujeres con mirada de taza
adolescentes rizados por la lluvia
el padre desnudo en su piloto
en esta situación animal descubro mi inocencia

madre
la ropa que me diste
ya la gastó tu hijo
comprando tu silencio
mírame ahora como siempre
soy ese hombre que camina bajo la lluvia

pensando en tantas cosas.


en un puño oscuro

sobre un desierto ardiente
así
quise vivir

hubo rosas en mi fin del mundo
y en un puño oscuro
la más bella luz

en la silla del odio me senté
en el rincón helado
con el completo corazón
quemado en sus asombros

una y otra vez
fueron a su estrella las palabras
llevaban
mi última fortuna

sin embargo
la ceniza del cielo perfumado
unía
mi corazón al fervor

como un puño que guarda su alimento
en pobres bolsillos
en noches tormentosas

pude vivir
quise vivir


propósitos

la luna estaba allá
sincera y lejos
como un plato
ofrecido
al pico de la tarde

jugábamos en el agua
y de pronto, hijo,
descubriste la luna

pelota o piedra abierta
para tu dicha

contra la lona anaranjada
golpeaba el agua
y tu propósito
mojar la luna
pareció posible
quizá fue así
cuando enero secaba el cielo
y salimos a un aire
benévolo en su apremiante brisa.

Por la noche
bajo la quieta conversación
la luna brillo constante
y ya dormido
fuiste otra vez
la criatura del verano.


Colmillos

leyendo a Nabokov descubrí
que, como los adolescentes,
aún leo para aprender a vivir
el párrafo me halló desprevenido
allí dice que los jovencitos
indagan en los libros
mensajes o razones, el vaporoso plan del mundo
pero, Nabokov,
nació en la aristocracia
y supo tanto, tanto, desde siempre
lenguas, ciudades, entomología
y Cornell, y su atril
y el Neocriticismo
¡ay!
qué vergüenza me dio oír el timbre
en la escuela secundaria donde busco el pan
qué pudor
qué rabia suelta
pero, en otro artículo
Literatura y sentido común
dice que
para subir a una torre de marfil
hay que matar primero
algunos elefantes.


por qué nunca más presentaré un libro de poemas

porque de inmediato aparece
la mosca verde
el malentendido
mujeres con aros dorados
gente que desprecio

porque el silencio me tuerce los ojos
y la absoluta verdad de alguna línea
me pregunta

¿para esto
para ése
para aquellos?

no
nunca más
lo dejaré salir

si es un fuerte animal
una pluma alzada
un espejito
ese libro de poemas
cualquier libro de poemas
por malo por bueno que sea

que lleve su sed
y que se aparte
como toda criatura

que busque el imposible lector

que no sea encontrado en fuego frío
distracciones que aplauden
sí, dejaré los poemas en su libro

bastante muerte es ésa.


Kiosco

yo quiero tener un kiosco
lo quiero de día
y lo quiero de noche
abierto

seré el señor del kiosco
el gordo kiosco
el dueño del kiosco

en la esquina
con un toldo a rayas
brillará mi kiosco
llenaré la maleta del gato Félix
el tesoro de Rusia
la boca
de mamá

seré feliz
cuando tenga el kiosco
y escriba Pessoa mi poema

la insignificancia de Occidente
derramará sus cajas

de noche
un televisor pequeño
explicará los mundos

la luz de la ciudad
irá mezclando astros

seré
el necesario dios
de la vereda


Por eso

Por algo te echaron de tu casa
del corazón de tu casa

por algo ganaste el cuarto premio
hasta en la lotería de Santiago en el ‘82

por algo comprendes naturalmente la metafísica
y sabés que lo metafísico era ese piano y su paloma

por algo escribís siempre lo mismo
por algo no aprendiste a jugar fútbol
por algo estás esperando desde hace veinte años

por algo que todos saben, comprenden,
menos vos

por algo no estudiaste, viajaste
ni fuiste médico, criminal, artista plástico

por algo cavas tu corazón
los días de tu vida, las páginas de la Biblia, tu tabaco

por algo se abrieron las puertas de la lluvia

por algo aparece tu padre en sueños
que bien como se arremangaba la camisa en el video

por algo sos mejor que unos candados rotos en la arena

por algo no te moriste a los 30
o sí, o sí

por algo que nunca aparece
que siempre está

que todos saben.


Arma mortal

No dirás que la poesía
puso un revólver en tu cabeza
no,
lo puso en tu mano

uno de agua
de esos amarillos, transparentes
que venden en la mercería
del barrio.

De Romper la vida, antología existencial, Editorial Nudista, 2013

Alejandro Schmidt (Argentina, 3 de mayo de 1955 – 3 de febrero de 2021) fue un reconocido poeta, autor de una vasta obra –se le atribuyen 5.000 poemas escritos a la fecha- ya en parte traducida al inglés, alemán, italiano, francés, portugués, catalán y rumano. Colaboró activamente con publicaciones de Uruguay, Chile, Brasil, Perú, Ecuador, Colombia, Venezuela, Cuba, Costa Rica, Puerto Rico, México, Estados Unidos, Canadá, España, Italia, Alemania, Austria y Rumania, entre otras. Entre otros reconocimientos recibió: el Premio Municipal de la Ciudad de Villa María, Córdoba (Córdoba, 1982); Premio Selección Concurso Nacional Ediciones del Dock (Buenos Aires, 1990); Primer Premio Selección – Primer Concurso Nacional de Poesía – Asociación de Escritores Argentinos (Mendoza, 1990); Primer Premio Municipal de Villa María (1992); Premio Alberto Burnichon Editor al libro mejor editado en Córdoba (Córdoba, 1998). De sus obras destacan: Tajo en la piedra (1984), Elegías y epitafios (1985), Serie Americana (1988 y 2008), Dormida, Muerta o Hechizada (1991), Notas de una Biografía Perdida (1993), El Diablo entre las Rosas (1996 y 2006), En un puño oscuro (1998 y 2017), Como una palabra que pudiste decir (1998), El patronato (2000), Silencio al fondo (2000), Esquina del universo (2001), Oscuras ramas (2003), La vida milagrosa (2005), Llegado así (2005), Casa en la arena (2006), Mamá (2007), Escuela Industrial (2008), Videla (2009), 60 poemas breves (2009), Átomos (2009), Árbol viudo (2011 y 2018), Verdad de lo evidente (2011 y 2018), (2011 – 2018), Una sombra llena de perros (2012 – 2015), Nace tu lámpara (2012), Mi metafísica (2012), Romper la vida – Antología Existencial (2013), La impropiedad (2013), La dificultad y otros libros – Antología Inédita 2004-2015 (2015), Otros rayos (2016), Visita del fantasma (2017), Nombrar (2017), El Ángel Dijo Sí (2018), La Espina del Faraón (2018), Cerca de Nada (2019), Alejandro Schmidt (2019), Lejos de todo (2019), El espacio intermedio (2019).

Revista Muu+ Febrero 2021

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