Eduardo Longoni

Entre el frenetismo de la dictadura militar y la serenidad de Cartier Bresson

Entrevista por Adriana Morán Sarmiento

En un salón de clases lleno de estudiantes extranjeros, la profesora de Teorías de la Comunicación y la Cultura mostró una fotografía impactante y, aunque olvidé el contenido de esa clase, siempre recordé la imagen de la señora con pañuelo blanco en la cabeza y el caballo que parece se le viene encima.

La foto es de Eduardo Longoni. Hoy, en otro contexto, comparto esta entrevista con uno de los fotógrafos más reconocidos de la Argentina, nombrado Personalidad Destacada de la Cultura en el año 2013 por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Sus inicios en la profesión se remontan a 1979, cuando empezó en la fotografía por casualidad.

– Cuando salí de la colimba, mi idea era estudiar Historia en la Universidad de Buenos Aires, pero a la vez quería irme de mi casa familiar porque no tenía un lugar para mí, vivía mucha gente y no había una habitación, así que dormía en el living. Me daba lo mismo cualquier trabajo, de mozo en un bar, de cadete, cualquier trabajo. Pero también tenía una cámara y alguna idea de cómo hacer mínimamente una foto. Así que de caradura fui con un puñado de fotos a pedir trabajo en la Agencia Noticias Argentinas que quedaba cerca de mi casa. Y allí me quedé por siete años, esa fue mi escuela de fotografía.

-Quizás la serie Violencias, donde se recogen fotografías de la dictadura militar a principios de los años 80, sea una de las más conocidas ¿es la serie que más te identifica o representa?

-Seguramente. Es mi trabajo más representativo y con el cual más me identifico. Allí, en esas fotos, está el ADN de mi fotografía que nació en plena dictadura militar en 1979.

-¿Son tus fotos una proyección de la Argentina en el exterior?

-Creo que algunas de mis fotos de la época de la dictadura y de los primeros turbulentos años de la democracia se hicieron conocidas tanto en nuestro país como en países que siguen de cerca los acontecimientos de Argentina, pero estimo que es solo una pequeña contribución para intentar desentrañar aquellos años de actividad tan frenética.

-¿Qué tipo de fotografía te trae más satisfacción?

-La fotografía política y social es la que más me gusta. La que me acompaña desde hace más de 40 años. Me interesa ese acercamiento a la gente, saber qué les ocurre, qué reclaman en la calle, de qué manera viven. Qué ocurre con la política y la tensión con distintos grupos sociales. Esa fotografía documental es la que más me interesa, seguramente devenida de mi interés en la historia argentina.

-¿Preferís la fotografía en blanco y negro?

-Sí, y en esto creo que tiene que ver mucho el origen de cada uno. Yo nací haciendo fotos en blanco y negro y en película, fotografía analógica. Y este proceso es el que más me gusta hasta la actualidad, más allá de que ahora también hago fotos con una pequeña cámara digital.

-¿Cómo ha cambiado el oficio de fotógrafo desde los años 80 hasta hoy?

-Así como la década desde 1965 a 1975 fue la época de oro de la fotografía documental en las revistas, la década del 80 lo fue en las agencias de noticias y los 90 de los diarios de tirada nacional. Desde la gran crisis del 2001 los departamentos de fotografía empezaron a decaer en cantidad y calidad de su fotografía y el advenimiento de la era digital aceleró esos tiempos y los diarios empezaron a recurrir a todo tipo de imágenes generadas por cámaras de seguridad callejeras, videos de la tv y fotos del público en general, lo cual atentó contra un estilo y calidad de sus fotografías. Hasta llegar al día de hoy que los diarios, por lo menos en Argentina, publican cualquier imagen sin importar procedencia, calidad y veracidad. Es paradojal porque al mismo tiempo hay una gran camada de jóvenes y talentosos fotógrafos que muchas veces no tienen dónde publicar sus imágenes más allá de las redes sociales.

– Justamente, con el tema de las redes sociales y el avance de la tecnología ¿cualquiera puede ser fotógrafo?

-Cualquiera puede hacer una imagen porque los dispositivos inteligentes así lo permiten, pero no cualquiera tiene mirada propia. No por saber escribir todos somos novelistas o poetas.

A Eduardo Longoni lo inspiran todas las imágenes que creó Gabriel García Márquez en sus novelas, también la obra de Rembrandt y “si algo de la fotografía me angustia o me nubla, ver imágenes de Cartier Bresson me devuelve al mundo de la serenidad”, dice.

Lejos quedó aquel living en la casa de sus padres. Ahora, en su propio espacio, Longoni respeta sus rituales: “concentrarme mucho en lo que estoy haciendo, y necesito un silencio mental, algo así como no interactuar con los sonidos más allá de que pueda estar fotografiando en medio de una marcha o en medio de una represión con tiros y explosiones. Eso no me desconcentra, pero alguien que me hable en ese momento me puede sacar del eje”.

En ese devenir, hace un tiempo que trabaja en la serie “Infancia proyectada” como un homenaje a la infancia y, especialmente, a su madre, porque -dice- “de alguna manera las fotos resultantes tienen una doble mirada, la suya, y la mía”.

-¿Cómo nace la idea de crear Infancia proyectada?

-El proyecto fue naciendo de hallazgos en la casa de mi madre. Luego de reclamarle a ella las fotos de mi infancia, en la cual yo la recordaba siempre con una pequeña cámara, que resultó ser una Kodak Fiesta, descubrí en su casa una pequeña valijita con unas doscientas diapositivas. En ellas estaban todas las fotos de mi infancia en Mar del Plata, en la playa, el primer día de clase, disfrazado en carnaval, aprendiendo a andar en bicicleta. Atesoré esas fotos en mi casa durante un par de años sin saber bien qué hacer, más que mirarlas. Pero otro día, también de casualidad, encontré en un mueble que mi madre nunca abría, unos cuadernos de mi escuela primaria. Fue en ese momento que se me superpusieron los dos hallazgos. Proyectar esas diapositivas en las páginas de mis cuadernos. Luego fueron días, semanas de probar distintas variables, algunas diapositivas contra dibujos, otras superpuestas con sumas y restas. Lo hice con un proyector casero y fotografiaba el resultado con una pequeña cámara. Así nació el proyecto Infancia proyectada.

-También fotografiaste escritores, como Sábato y Benedetti, ¿cuál es la relación de tu fotografía con la escritura?

-Para mí Sábato y Benedetti fueron los escritores de mi adolescencia. Los amores entre Alejandra y Martín que Sábato narra en Sobre Héroes y tumbas y las poesías comprometidas con la realidad política de los años 70 de Benedetti eran páginas que circulaban delante de mis ojos de joven estudiante de secundario. Ellos para mí eran los grandes escritores. Y años después, con la curiosidad propia de fotógrafo, fui en busca de ellos para intentar entender más a cada hombre detrás de sus escritos. Eso tiene la cámara, es un gran pasaporte que nos acerca a lo que verdaderamente queremos conocer de cerca.

-¿Qué te gusta leer?

-Principalmente literatura latinoamericana. Aunque uno de mis escritores favoritos es el francés Michel Houellebecq. De todos modos sigo descubriendo e indagando en nuestro continente y esta semana terminé de leer la novela Tengo miedo torero del chileno Pedro Lemebel y es lo mejor que he leído en los últimos años.

Eduardo Longoni vive y trabaja en Buenos Aires. Sus fotografías, sobre todo las referidas a la violenta dictadura militar Argentina, han sido expuestas en Argentina, Brasil, Chile, Uruguay, México, Venezuela, Cuba, EEUU, Francia, España, Italia, Noruega, Suecia, Dinamarca, Bélgica, Egipto, Japón y la ex Unión Soviética. Sus trabajos han sido galardonados con premios en diversas partes del mundo y en 2013 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires lo nombra Personalidad Destacada de la Cultura. Desde los años 90 se ha dedicado a la realización de libros de fotografía.

Sus fotografías pueden verse en www.eduardolongoni.com.ar


Adriana Morán Sarmiento. Publicó Yo soy el mensaje. Ensayos de gestión cultural (UNICA, 2009); Buenos Aires, la otra ciudad. Una mirada del extranjero en tránsito (Edición independiente, Buenos Aires, 2009) y Crónicas repetidas (Exposición de la actual narrativa rioplatense, 2014). Dirige La Vaca Mariposa Libros y Revista Muu+ Artes y Letras.

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