“Hillbilly, una elegía rural” es una película de escenas

Definitivamente lo último de Ron Howard, Hillbilly, una elegía rural (2020), es una película de escenas.

Creo que el verdadero daño lo causó el interés político-estratégico de apuntar con demasiada ambición al Oscar. La expectativa creada en torno al filme fue injusta, pero no le resta para nada a la maravillosa puesta en escena que nos regala esta elegía rural.

La solvencia de Amy Adams y Glenn Close es para aplaudir de pie. Pura emoción, drama social del mejor, libre de clichés, toda una cátedra de actuación. Y basta ver los créditos finales para tener una idea del tenor de las interpretaciones.

Hillbilly, una elegía rural no es una película fenomenal desde el punto de vista cinematográfico, pero sí visto desde la filmografía. Es un trabajo, reaccionario en su argumento, que toca, que hurga, que incomoda en ciertas esferas de estratos sociales representativos y que llega a ser hasta perturbador para el espectador que consigue identificarse.

Es interesante que el filme no se vale de estereotipos para el desarrollo de las escenas, pero tampoco intenta quebrarlos. Fórmula poco común, aunque característica de Howard que, mezclada con una trama episódica que juega con elipses temporales alternativamente, nos lleva al asunto haciendo varias paradas -necesarias diría yo- para su mejor justificación.

Netflix lleva más de un candidato potencial a los premios de la Academia en 2021, entre los cuales figura, para dolor de la “alta crítica”, la adaptación del libro (2016) de JD Vance publicado en español como Una elegía rural: Memorias de una familia y una cultura en crisis.

El eclecticismo del director no se disimula en esta suerte de estudio biográfico trabajado en entornos retocados, un campo bien explotado por Ron Howard (Beautiful Mind, 2001. Frost / Nixon, 2008) donde la melancolía sin mucho diálogo con la realidad siempre le representa el mayor lucro.

La cruda historia de una familia rural disfuncional y su decadencia es un buen argumento, que infelizmente el guion espasmódico y superfluo de Vanessa Taylor no logró contar con el impacto que le estaba reservado. Gracias a este guion, algún critico le otorgó a Hillbilly, una elegía rural el apelativo de “drama sentimental barnizado”.

Pese a todo, los detractores de esta buena pieza deberían reconocer (de hecho, algunos lo hacen) que lo que estuvo en manos del reparto, especialmente de Close y Adams, brilla en esta magnífica producción que sin dudas podría haber tenido otro destino en los premios además de las nominaciones por mejor actriz y mejor actriz de reparto. ¿O no?

Radamés Larrazábal. Comunicador social. Profesor universitario.
@catedralivre – conustedes@gmail.com

Revista Muu+ Diciembre 2020

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