Arturo Gutiérrez Plaza

HOGAR

Vivo en esta ciudad, en este país despoblado,
avergonzado por sus propios fantasmas,
confinado a cuatro paredes hurañas.

Vivo en cuartos vacíos.
En habitaciones que a ratos se encogen
expulsando todo aquello
que hasta ayer me acompañaba.

Vivo en su centro como viven los moluscos,
babosos e invertebrados, cordializando
con la concha que los protege.

Doy rondas, tanteo su superficie,
hago trampas: intento horadarla
guardando la esperanza de encontrar
respiraderos al otro lado.

Pero soy de acá, este es mi hogar
y aunque me vaya, aunque me escape lejos,
este encierro siempre será mío.

Vivo como el cangrejo ermitaño,
como un decápodo errante,
refugiado en conchas vacías,
atrapado, impenitente, confiado
en la bondad de alguna ola que me arrastre
o termine de ocultarme entre la arena.

*

LA VALIJA

Si has de hablar de una valija extraviada
es porque sabes que en ella
también ibas tú.

Ahora, extranjero, desesperas buscándola
entre la multitud,
indefenso.

¿Cómo suturar tantos puntos de fuga?

Estaba dicho que sólo así aprenderías
a rogar por la bondad de los milagros.

Sin embargo, forastero, todo ha sido inútil.

Los reclamos infructuosos
nada dicen a nadie
como poemas ahogados
en tiempos de míticos naufragios.

A tu hora, en tierra ajena, cavilas lejos,
rememoras tus cuadernos mal escritos,
atestados en el interior de tu valija:
borradores de promesas reveladas y burladas.

Pero temes, sobre todo, por sus páginas en blanco.

Ellas, en su silencio ya perdido,
son las verdaderas señales de tu rendición,
las cartas de renuncia al único país que te quedaba.

*

EL VIAJE

A Alexis Romero

Cuando se inicia el viaje,
cuando verdaderamente comienza,
ya no se tiene memoria de la partida.

Ya no se sabe,
siquiera,
cuál era el destino previsto:
la posible travesía.

Pues todo viaje es también,
secretamente,
un pacto con el olvido.

Una forma de levar anclas,
de alejarse de las súplicas de los náufragos,
de aquellos lentos ahogados
que estuvieron en uno
y ahora yacen
en el fondo
lodoso
de nosotros mismos.

*

UNIVERSIDAD – INDIOS VERDES

¿Para qué forzar los sueños y las pesadillas
si todo aquí convulsiona hasta domesticar el asombro?
Esto, sólo en parte, lo supo Breton con sus ojos ingenuos,
al pasearlos por las superficies de estas tierras.

Para entonces los subsuelos eran profundidades ganadas
por el agua, el lodo y ruinas anteriores a los dioses de Lautreamont.

Desde hace medio siglo, sin apelar a la imaginación,
los habitantes de este valle transitan
por debajo de las calles,
excavando, día a día, el sustento.

Un mercado abigarrado y florido
(de ofertas y padecimientos)
viaja entre túneles y vagones
apretujando la existencia de los que van de prisa,
de los que buscan atajos debajo de todo.

Un ciego que tal vez no mira, toca una melodía
en un piano eléctrico con la diestra,
al tiempo que siniestramente lleva el ritmo,
entre tropezones, con un vaso que es maraca y alcancía;
chocolates de calidad y cacahuates se anuncian
a 10 pesos (“a lo que valen y a lo que cuestan”);
mujeres con tapabocas miran de reojo a parejas que se abrazan
y besan como topos en tiempos de cópula.

Toda especie de anunciantes entra y sale de los vagones,
estación tras estación: vendedores de libros de autoayuda
y biografías del Che; predicadores evangélicos;
pregoneros de chicles y paletas para el bien de gargantas y bocas;
aturdidos sordomudos; parapléjicos enyesados;
dj`s enmochilados y cantantes con guitarras electroacústicas
que ofrecen baladas y rock, en inglés y en español.

Todos forcejean cuerpo a cuerpo como lisiados de extintas batallas.

Nada de esto registró en su bitácora el padre del surrealismo,
ni mientras visitaba estos parajes
ni al macerar el inconsciente en las riberas del Sena.

*

DESPEDIDA

Cae pero flota
danza
se detiene para voltear
para mirar atrás
duda
dice adiós
es torpe al despedirse
ligera baila en el viento
nos tributa
su frágil existencia
su arrepentida levedad
de a poco
nos llena de canas
su piel hace más fría
nuestra piel
humedece nuestros zapatos
nos deja en gratitud
una huella
se despide
nos dice adiós
cae pero flota
ella también
es la nieve.

*

UNA HISTORIA VERDADERA

No te engañes.
Si hubo un tiempo en que todo parecía mentira,
tal vez fue así.

Pero fue allí
(y has de agradecerlo)
donde aprendiste a creer sin reparos.

Es cierto, hoy no sabes nada
con exactitud,
salvo que de uno a otro
amanecer suceden cosas.

Hay quienes piensan que los pájaros
se refugian en el canto
porque no quieren mentir.

Pero hay bandadas desorientadas
que buscan el sur
y se equivocan
creyendo, de veras,
que mañana se hará más tibio el sol.

De El cangrejo ermitaño, Antología poética, Colección Visor de Poesía, 2020


Arturo Gutiérrez Plaza (Caracas, 1962). Poeta, ensayista, profesor e investigador universitario. Ha publicado los siguientes libros de poesía: Al margen de las hojas (Monte Ávila, 1991), De espaldas al río (El pez soluble, 1999), Principios de Contabilidad (México: Conaculta, 2000), Pasado en Limpio (Equinoccio/bid&co, 2006) y Cuidados intensivos (Lugar Común, 2014), Cartas de renuncia (Poeteca, 2020) y El cangrejo ermitaño (Madrid: Visor/Fundación para la Cultura Urbana, 2020). Entre sus libros de ensayos, investigación literaria y antologías, se cuentan: Lecturas desplazadas: Encuentros hispanoamericanos con Cervantes y Góngora (Equinoccio, 2009), Itinerarios de la ciudad en la poesía venezolana: una metáfora del cambio (Fundación para la Cultura Urbana, 2010), Las palabras necesarias. Muestra antológica de poesía venezolana del siglo XX (Santiago de Chile: LOM, 2010) y Formas en fuga. Antología poética de Juan Calzadilla (Biblioteca Ayacucho, 2011). Es Magíster en Literatura Latinoamericana, PhD en Lenguas Romances y Literaturas, y profesor titular de la Universidad Simón Bolívar. Ha obtenido, entre otros: el Premio de Poesía de la Bienal Mariano Picón Salas (1995), el Premio Hispanoamericano de Poesía Sor Juana Inés de la Cruz (1999) y el Premio Transgenérico de la Fundación para la Cultura Urbana (2009).

Revista Muu+
Agosto 2020

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