Heroína

Nicolás Correa

Buenos Aires

Ya que sos brujito y antes de atenderme, yo sé que vos querés saber qué me pasó y por qué vine a pedirte que me hagas un trabajito. Y mirá que le pedí al gauchito que me diera una mano, pero parece que está enculado conmigo. En fin, necesito un buen trabajito para ese hijo de mil putas, porque a una lady como yo no se la trata así. Pará que me siento de coté porque recién vengo del pabellón de los paraguas, todo fuego los guaraníes, viste.
¿Ves ésta cicatriz que tengo acá, en el vientre? No, no es de una cesaria, tampoco de un facazo. ¿Sabés de qué es? ¿Vos estás seguro que querés saber? Bien, me metieron un cuetazo en Malvinas. ¿Sorprendido, papi? En realidad fueron varios cuetazos, pero ese no es el principio de la historia, ni el motivo por el que me tenés acá. Ojo, tiene que ver con todo esto, obvio.
Primero lo primero. No me interrumpas ni te pongas ansioso y escuchá.
¿Que qué mierda fue a hacer allá un trava como yo?

En esa época estaba enamorada del Elvio. Lo conocí en el secundario, él entró en tercer año, y recuerdo como aprovechaba en la hora de gimnasia para manosearlo un poco, y aunque era arisco y medio me sacaba con los codos o me empujaba, insistente siempre fui, entonces buscaba el contacto de su pija con alguna parte de mi cuerpo. Me moría de ganas porque me apretara. Ponéle que se armaba un partidito, y a mí que no me gustaba un carajo, aunque papá, si a esa basura puedo decirle papá todavía, me obligó a jugar toda mi puta niñez de cuatro en el club Piraña de Pompeya, sabés cómo aprovechaba para dejar que me rozara, que me chocara con la pija cuando íbamos a cabeciar o a tirármele encima cuando se me veía de frente. Esa era la única posibilidad de demostrarle mi amor a ese desagradecido.
El muy pelotudo se fue para las Malvinas. A mí todo eso me pasaba de costado, imaginate que no sabía cómo mierda hacer para contener mis pasiones. En ese tiempo me hacía coger por un falopero del barrio, le daba guita para que me la pusiera, lo había conocido en la estación de servicio una noche de lluvia. Viste vos que rara es la vida, hoy me pagan en todos lados para que ponga el culito.
A mí no me vengas con la pelotudes de la patria. Yo la vi arrodillada, en cuatro patas y re contra cojida a la patria. Como te decía, el muy sorete del Elvio se fue diciendo que se iba a luchar por nuestra Argentina contra el invasor Inglés y qué se yo cuántas giladas más. No sabía que yo estaba enamorada de él, y se me fue, la patria conchuda me lo arrancó de las manos, podés creer, así nomás. Guarda, en ese entonces no era lo que soy ahora, eh, este camioncito con acoplado… Me acuerdo que fui hasta un santuario que había en la Villa del Peladero para pedirle al gauchito que me lo retuviera de alguna manera. ¡Qué carajo, ni me escuchó! No sé por qué, mirá que siempre fui cumplidora, no hubo caso.
Al toque me saltó la térmica y mirá, me acuerdo tal cual la secuencia con el mierda de mi viejo cuando le dije que era gay, bueno, en esa época se le decía marica:
- Papá, me gustan los hombres…
- ¿Sos marica? ¡Pero mira vos! Te voy a hacer un par de preguntas: ¿Tenés tarjeta de crédito?
- No.
- ¿Viajás al exterior por lo menos una vez al año?
Negué con la cabeza.
- ¿Tenés algún novio ejecutivo que te banque?
Volví a negar.
- Entonces no sos marica, sos un negro puto de mierda.
¿¡Ah, vos también te reís!? Pero cuando le dije al hijo de puta ese que me iba a las Malvinas por una pija, se quedó helado. Ni siquiera fue capaz de mirarme a los ojos para decírme que me dejara de joder con esas islas de mierda, pero dejémos a los muertos en paz. Y me fui a la guerra por el Elvio nomás, ¿vos podés creer? Sabés que cuando me vio ahí, al lado de él, cagándome de frío a su lado, se puso re feliz, me tiró una sonrisa que me hizo aletear los cantos del orto, y yo no pude contenerme, bocona que soy, lady pero bocona, y le largué todo: que era el amor de mi vida, que estaba enamorada y que pin, que pan, pero vos podés creer que el boludo me dijo que era un puto de mierda, y al toque todos los soldaditos de plomo me hicieron a un lado: el marica, me decían, pero sabés una cosa, brujito, a este marica no lo pudo matar ningún Gurkha del orto, me la banqué bien bancada. Y cuando había hambre, me comía la carne de los muertos, y cuando había necesidad, ponía el culo para que los soldados, bien machitos todos, eh, me sacudieran tranquilos.
¡Viste como apretaste los cantos, brujito! Seré puto, pero no soy ningún cagón. Me acuerdo que una noche yo estaba intimando con el Indio Lope, que lo único de lindo que tenía eran las cejas negritas negritas, y empezaron a llover bombitas en el refugio, una atrás de otra. Se hizo un silencio que duró unos cuatro o cinco minutos, estaba aturdida, y al toque tuvimos a los inglesitos dándonos vueltas alrededor como perros cagados de hambre.

Cinco de nosotros, entre ellos el Elvio, mi vida, quedamos atrapados entre Gurkhas y lores ingleses.
Ahora, te hago una pregunta concreta: ¿sabés quién hizo el sacrificio ahí por la patria? ¡Mi culo!
El culo sangrado me quedó por la patria, siempre digo, yo a los laureles me los gané a pijazos. Diez rubiecitos y seis Gurkhas me tuve que morfar. Toda la noche dale que te dale. Yo, contentísima. Nunca me había sentido tan woman. Era la Tacher y todas las conchetas frígidas de Inglaterra.
¡Good, good! Murmuraban entre dientes los Jhonys.
Ahí ya me estaba poniendo lady di.
Ahora te quedás calladito, ¿qué te pasa, no lo podés creer?
Cuando volvimos de la tumba esa, que era mucho peor que ésta, acá guardado hasta sol podés tomar, allá es de noche todo el puto día, vos sabés que me lo encontré al Elvio un par de años después. Yo, esplendida, alto jamón del medio, él, medio baqueta y no le llegaba bien el agua al tanque. Una que es tan tonta, viste, no se desenamora fácil del primer amor. Estábamos medio mamados y ni se me pasó por la cabeza decirle quién era, me llevó para su casa en Boedo: igual fue una noche mágica, ojo, le hice todo lo que se me ocurrió. ¡Faier, mi soldadito, faier! Le gritaba.
Mi deseo cumplido.
En la mañana, le revelé mi nombre y apellido y no sé, parece que se dio cuenta que también le gustaban los nenes y se puso loco. Me echó a la mierda, me tiró el vestido, la cartera y los zapatos por la cabeza y dijo que no me quería volver a ver.
¿Vos podés creer la concha de dios?
Fui al gauchito y le pedí con bronca que lo hiciera mierda, que lo hiciera reventar como a un sapo, que le hiciera sangrar el culo en hemorroides. Le prendí como ochenta velas rojas y negras.
Nada, el gauchito ni pelota.
El muy hijo de puta del Elvio me rompió el corazón, y eso no se le hace a una woman como yo, que fue a la guerra y volvió enterita.
Ya no era una cachorrita para que me ningunearan así, me había entregado en vida y en cuerpo, no era justo.
Lo esperé en la cortada de Muñiz y Las Casas y le metí un puntazo por haberme despreciado así. Quedó doblado al medio en el piso, ni me di vueltas para ver si estaba bien. Por eso estoy acá, por ese héroe de Malvinas.
Hace unos días me dijeron que está lo más bien, que lo agarraron a tiempo y acá me tenés, brujito, como el gauchito está enculado conmigo y dicen que vos haces unos laburitos que son de lo mejor. Yo necesito un trabajito contundente, que sea fuerte, lo que vos me digas va a estar bien. Imaginate que si yo voy a estar en la tumba, a él lo quiero en el mismo lugar.
Ahora, lo que no sé es cómo te puedo pagar.
Vos decime.





***
Nicolás Correa nació en Morón, provincia de Buenos Aires.
Publicó los libros de cuentos Made in China (2007) Engranajes de sangre (Milena Caserola, 2008), Prisiones terrestres (Editorial de la Universidad de La Plata, 2010), 83 en la colección Exposición de la actual narrativa rioplatense (Editorial El 8vo Loco- Milena Caserola, 2013), la novela Súcubo. La Trinidad de la antigua serpiente (Editorial Wu Wei, 2013) y cuentos en varias antologías y revistas internacionales.
Su primer poemario Virgencita de los muertos fue publicado en 2012 por la editorial Libros de la talita dorada, colección Los detectives salvajes. Ha recibido diferentes premios y menciones.
A fines del 2013 se publicará ¿WTF Kung Fu?, por la editorial Pirani Ediciones, y en el 2014 Íncubo, segunda parte de La Trinidad de la antigua serpiente, por la editorial Wu Wei, y Fuera de temporada, por la editorial Milena Caserola, colección Nueva Narrativa Argentina.
Está preparando su segundo poemario El camino de la siesta.

“83”, el libro de cuentos de Nicolás Correa, disponible en:

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