Letras

Ceresita

Agustín Calcagno

Buenos Aires

Día cuatro
Gran día en la obra, por fin pudimos trabajar sin contratiempos. Cambiamos el impermeabilizante que estábamos usando por Ceresita y todo marchó con fluidez. Tengo cortes en todo el cuerpo porque estuve haciendo la mezcla al lado de una reja con puntas y soy torpe. La estructura de lo real avanza, ya puedo relajar las palabras. Las comunicaciones infrarrojas funcionan nuevamente, pero se cortan las descargas antes de tiempo.

Ceresita es un “aditivo hidrófugo en pasta que, incorporando al agua de amasado de morteros cementicios, elimina los problemas de absorción capilar y permeabilidad”. Básicamente, es un líquido que se agrega a la mezcla y que la hace súper dura e impermeable. Es algo así como el Viagra de los materiales. Su surgimiento significó una verdadera revolución en el área de la construcción, ya que garantizaba un efecto en las paredes por un tiempo prolongado… sí, un poco como el Viagra también. El inventor fue un polaco que emigró a la Argentina allá por los años veinte del siglo pasado y cosechó un gran éxito y millones de dólares gracias al descubrimiento.

Era ya un viejo soltero y profundamente maricón cuando mi bisabuelo lo conoció. Dice algunos que fue a fuerza de empernadas que consiguió convertirse en socio del viejo y, a su muerte, quedarse con toda su fortuna. Después de manejar la empresa por un tiempo se la vendió a Iggam por una cifra exorbitante y se retiró para no trabajar nunca más. Tenía cuarenta y pico de años y al parecer era un reverendo hijo de puta, o por lo menos eso dicen los que lo conocieron. Trataba como basura a sus empleados, a sus hijos, a su esposa, y a sus nietos… quien te creés que sos negro de mierda?!... vení para acá porque te rajo a patadas!!... ahhh, mirá quién llego? el boludito de mi ahijado… viniste en auto o te montaste sobre el culo de la gorda de tu esposa?

A los únicos seres humanos a los que trataba con respeto y cierta dignidad, hasta con cariño podría decirse, era a sus múltiples amantes, a las que dedicó toda su vida de retirado. Decía que se había acostado con más de mil mujeres y era tan fanático de la penetración que obligó a su hija a trabajar como su secretaria para que coordinase todas sus citas sexuales. “Tal vez ponía tanto énfasis en el sexo opuesto para compensar en algo su confuso pasado de gerontofilia y homosexualidad”, diría un psicoanalista en un bar.

El caso es que se construyó una mansión en una isla en el Tigre que hasta el día de hoy impresiona a los turistas porque tiene sobre la orilla del río una réplica en miniatura del Cristo Redentor de Río de Janeiro. Al parecer, pasaba sus días navegando con su yate por los canales del Tigre en busca de nuevas presas para su colección de vaginas perfumadas con olor a barro… vaginas que silbasen entre las hojas, entra las cañas… vaginas profundas, vaginas remanso… vaginas de carnes doradas como el Río de la Plata… vaginas bichito de luz… vaginas que rebotasen infinitamente como la luna sobre el Paraná de las Palmas… vaginas estrechas como esos canales solitarios donde no pasa nunca nadie y nadie sabe qué pasa realmente… vaginas pobladas de malezas, de ranas, de pájaros, de hombres padres, hermanos, amigos, tíos, capataces o dueños de yates.

¿Dónde estás Ceresita?
Quiero mirarme de nuevo
como en un espejo
en el brillito cuadrado
que el sol pone en tus ojos
Ay Ceresita!
Quiero tocarte el labio inferior
con un dedo
cuando te rías
de mis chistes
del que soy verdaderamente
o del que quiero ser, Ceresita

Mientras armo un pastón con cinco de arena, uno y medio de cemento y cuatro vasos de este producto hidrófugo. Mientras clavo la pala en la masa hasta sentir el golpe del metal contra el piso, mientras revuelvo y formo olas con el material para que se mezcle bien, pienso en la ironía de todo esto. Pienso que no me ha quedado nada de ninguna de las Ceresitas.


*De “Crónicas de albañilería”, Milena Caserola. 2013

**Agustín Calcagno nació en Buenos Aires en 1979. Se recibió de politólogo en la UBA y ejerció la docencia durante una década. Actualmente, se desempeña como periodista freelance, escritor, poeta, bloguero y especialista en dinámicas 2.0. Sueña con irse a vivir al campo y todavía no alcanzó el satori.

Su libro “Crónicas de albañilería” está disponible en

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Bondad is over

Noe Vera

Buenos Aires

La tele, un fondo siempre; la noche no empezó.
Una cuota de firmeza y la atención prende.
Estoy sentada justo sobre la línea de enfrente
para desentenderme. Una presencia nueva,
Un fantasma apenas de lo porvenir.
Me siento bien, ahí va un punto a favor como regalo
a mi crónica apología de la novedad.

Tengo partes de mí en función bloqueada,
debe ser que estoy yendo muy lejos.
Tengo el control pongo el volumen
en potencia cero. Queda un escenario
de concierto de rock: la tele es relampagueo
multicolor y mudo. Comunicante.
Ponemos baldes y medimos
la eficacia de las partes.

Frente a mi pecho un libro tiene olor a nuevo.
Lo abro, me dispongo
a leerlo en alta voz. La pantalla disuelve
meros motes brillantes en el aire.
Me concentro en los destellos
de una oruga que pasa. Mañana va a tener
alas de neonata y cuentas a la vez
regresivas de anciana
ella es un bicho especial
forrado en lentejuelas.

Cero a la izquierda tengo
ubicación preferencial, me abro
un lugar para calzar
dentro de mis vestidos de heroína suave.
Hago la mía. Amor es calma, en tu definición,
durabilidad y a mí me puede el drama
pero hoy te creo. Debe ser eso, tal vez,
de aniquilarse por décadas.

A oscuras, con el volumen bajo.
Tu pantalla se pierde
en nuestra nebulosa, gano yo
el partido corre adentro
de un silencio artificial.

Te invito a gozar por esta noche
de mi cálida indigencia. Abandoné, desistí.
No te escucho, no te veo. Estoy tranquila,
es temporario: estás al frente, vas ahí.

El día empieza a posarse, compacto
sobre nuestra cueva, desarrollé el olfato
como madre murciélago, voy a entrar a buscarnos
entre millones, atravesarlo.


*De “Colecho”, Editorial El ojo de mármol. 2013

** Noe Vera. Buenos Aires, 1970. Publicó Discontinuos (Editorial La propia cartonera, Montevideo), la plaqueta Nosotros quiere decir un montón de cosas (Color Pastel) y el libro digital Cuatro Paredes (www.determinadorumor.com.ar) Forma parte del colectivo de poesía Máquina de lavar. Su web: elbaulnegro.tumblr.com

Su poemario: Colecho está disponible en:

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REVITAL

Francisco Catalano

Caracas

“De niño no pensaba ser poeta. Si alguien me preguntaba qué quería ser cuando grande, decía, sin duda: “futbolista”. De hecho, jugué muchos nacionales con la selección de Distrito Capital (mi estado), ganando un par. Pero llegó un momento en mi adolescencia en que me dije a mí mismo que no quería seguir ése camino. Como a los 15 me quebré. A los 17 salí del campo de fútbol y no volví a pisarlo sino hasta hace un par de meses, 10 años después. Ya desde hace un par de años tocaba guitarra, por eso fui escribiendo algunas canciones, y más canciones, y más canciones, hasta que tenía demasiadas letras y muy pocas notas musicales, así que fui dejando la guitarra de lado y me quedé escribiendo poemas. Claro, poemas malísimos, pero bueno, luego de eso vinieron los talleres, la lectura, la práctica…”

(De: Seis preguntas a Francisco Catalano, en Nadie me quita lo leído)


*Francisco Catalano (Caracas, 1986). Es Comunicador Social y tesista de la licenciatura en Letras, donde investiga la Poesía Vertical de Roberto Juarroz. Ha publicado en Caracas de manera independiente el Libro 0 y Libro 1, la primera entrega de su obra poética que consta de un solo volumen de poesía, titulado: l (Caracas: 2010). Sus poemas han sido recogidos en distintos periódicos y revistas, digitales e impresos, y en varias antologías.

@catalanofran

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