Letras

ENTRE NOS/OTROS, poéticas de lo inesperado

Hugo Palmar

Curador de la edición No. 32 de Muu+

 

“Uno se forma siempre ideas exageradas de lo que no conoce”.

Albert Camus. El extranjero.

 

Aunque se hable de las migraciones y mediáticamente se trate el hecho como problema actual, lo cierto es que siempre han existido y constituyen esencialmente nuestra humanidad.

Desde sus orígenes a la actualidad, tal como experimentamos el concepto de estado-nación moderno, la hospitalidad es un acto político que responde a una economía de principios soberanos, donde la acogida al prójimo (al semejante) está dada por una medida, un conocimiento objetivo de ese otro: documentos, sellos, pasaportes,  procesos de “integración”, leyes, idiomas, turismo, trabajo ilegal,  ficciones que  “des-otran”  y que dan  sentido a una identidad que vuelve siempre a sí misma, y que a pesar de las experiencias históricas, actualmente resurgen en ideales  nacionalistas a la defensa de lo propio y reproducción de dicho sentido. 

Para esta edición de Revista Muu+ Artes y Letras nos hemos planteado la hospitalidad, entendiéndola como un acontecimiento, epifanía (1) inmensurable cuando inesperadamente aparece el Otro, rompiendo la medida justa de nuestros intereses, de lo propio e idéntico que buscamos preservar de nosotros mismos.

Pensar la hospitalidad como la entrega y rendimiento absoluto hacia ese Otro que nos hace responsable con su presencia, exige una subjetividad distinta, construida precisamente a partir de éste.

Llevando el pensamiento hacia otros territorios ¿Cómo podríamos ser hospitalarios ante nuestra propia alteridad? es decir, ¿cómo podríamos ser un Otro para nosotros mismos?

¿Qué hay sobre la otredad animal, fuera de la mirada soberana y racional que domina y se apropia de ese otro tan otro que no posee rostro? ¿Qué límites del cálculo político y soberano se desbordan en la trama de un texto que nos hace cuerpo, memoria, deseo y devenir en diferentes contextos?

En palabras de Jacques Derrida, "La hospitalidad no es un concepto que puede prestarse al conocimiento objetivo". Responde más a un conocimiento ético que político, cuyo lugar de posibilidades se haya en el lenguaje poético, entendiendo el lenguaje como un espacio habitable que nos confronta inicialmente también con el Otro, el extranjero, o bien nos hace otros, colocándonos infinitamente en ese lugar de alteridad.Siguiendo estas líneas de pensamiento, he convocado un grupo de artistas y jóvenes poetas para ser parte de esta edición aniversario de la Revista Muu+, bajo el título: ENTRE NOS-OTROS, Poéticas de lo inesperado.

Carolina Arias (Argentina), Ángel Leiva (Venezuela), Marcela Bosch (Argentina), Max Provenzano (Venezuela/Portugal), Lesly Chacón (Venezuela), Keyser Siso (Venezuela/España), Raily Stiven Yance (Venezuela), Euro Montero (Venezuela), José Miguel Navas (Venezuela), Darwin Winklaar (Aruba/Holanda), Freddy Yance (Venezuela), Leo Felipe Campos (Venezuela/Colombia), Nicolás Correa (Argentina).

En imágenes o textos escritos, el arte vuelve y nos advierte sobre nuestra vulnerabilidad y la necesidad de ser y estar entre nos-otros, replanteando la identidad como una contrariedad que deviene y se transforma continuamente. Crear en todo el sentido poético, espacios para un pensamiento otro que nos habilite otras formas de ser en el mundo.

Brujas, octubre de 2018.


HUGO PALMAR (Ciudad Ojeda, agosto de 1977) inició su carrera artística junto al colectivo LA TINTOTA en la ciudad de Maracaibo. He participado en distintas exposiciones colectivas nacionales e internacionales, Caracas, Maracaibo, Ciudad Bolívar, Bruselas, Sao Paulo, Aruba, Ámsterdam, Harlem, Tilburg, Washington DC, Miami.

Ha realizado tres exposiciones individuales: "YO SOY", Cevaz Gallery Maracaibo 2006; "micropolítica" INSIGHT Foundation for the Arts Aruba 2010; y QUE TENGAS UN CUERPO, Superpolítico y Apátrida, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia, Maracaibo, Venezuela 2015.

Mención Honorífica 8vo Salón Regional de Jóvenes Artistas, Museo de Arte Contemporáneo del Zulia MACZUL 2012. Beca Fundación PROA Buenos Aires, Seminario Internacional de Arte e Integración Social 2012. Programa Federal Para las Artes, ART BOOMERANG CÓRDOBA ARGENTINA 2012 – 2014 Entrenamiento dirigido por el Curador Daniel Fischer.

Es artista, museólogo comunitario, abogado, chef Internacional. Actualmente vive y trabaja en Brujas, Bélgica.

Curador de las ediciones: 13, 14 y 16 de Revista Muu+


(1) En el pensamiento de Emmanuel Levinas, la relación con el otro corresponde a una relación asimétrica, en la que el otro se nos presenta como un acontecimiento que nos revela a través de su “rostro” lo infinito.

Pin It

Heroína. Entrevista a Nicolás Correa

Adriana Morán Sarmiento

Foto: Mailen Albamonte Pizarro

-En una charla que tuvimos en junio de 2013, te preguntaba ¿Qué es la nacionalidad?, y vos respondiste: La patria chica. Hoy te pregunto: ¿qué es la patria?

- Hoy pienso en matria: la matria chica. Y lo interesante de esto que sospecho es que no solo se refiere a un espacio construido con una estructura íntima y particular, donde comulgan diferentes mitologías personales, sino más bien a una red sensible de identidades solidarias.

En esta red sensible de identidades, en la que Nicolás Correa vive, escribe, edita; creó el personaje Heroína, “un trans atravesado por la fe, la cárcel y la guerra”. Un reflejo de las inquietudes literarias que arrastra Nicolás desde hace algunos años: encontrar la voz del personaje, esa voz auténtica que lo hace perpetuo. En "Heroína: La Guerra Gaucha", una novela publicada por Kintsugi Editora, una sobreviviente de la guerra de Las Malvinas confiesa -recuerda, escupe- las miserias de vivir bajo el yugo de “la patria”.

-Dice Heroína: "Siempre dije que yo por la patria, puse hasta el culo." ¿Qué es poner el culo por la patria?

-A ver si puedo arriesgar una respuesta, porque es bien difícil explicar el personaje. En este sentido, Heroína hace referencia a poner el cuerpo, puntualmente, en la guerra. Y acá hace referencia al comercio con el cuerpo, aunque no hay comercio en Heroína, porque no hay elección. De alguna manera, en esa imposibilidad de elección, el personaje encuentra la ironía para abordar una problemática doble, y mayor. 

-¿Cómo fue el proceso para darle voz a Heroína? Una voz cada vez más fuerte, en un tiempo donde las voces que militan por la diversidad también se han fortificado.

-Heroína me costó mucho. Tan así que fue un texto que para ser cuento es largo y para ser novela es corto, pero siempre abordado por la misma problemática: como encontrar la forma para narrar la voz de Heroína. Ese es mi mayor interrogante a la hora de construir relato: ¿cuál es la forma de lo narrado? Desde Íncubo estoy tratando de descubrir las formas, mucho más que los contenidos. 

-¿Y cómo te ha ido con ese proceso de descubrimiento? 

-Estoy más cómodo en cuanto experiencia estética porque cada material me exige una forma propia. Esto le imprime una dinámica impensada a la hora de ensayar la escritura.

-¿A quién le habla Heroína?

-Nunca logré descubrir a quién le habla. 

-¿Se te hace más fácil contar una historia de amor, en esta etapa de tu vida?

-Supongo que la historia de amor, en este caso, es una historia de amor imposible. Por eso es productiva. Eso la volvía interesante como marco para el relato.

-Otra frase que rescato de la lectura es: "Hay tiempo para contar el dolor, eso me lo digo siempre que me miro al espejo". ¿Hay un tiempo en la literatura para contar el dolor? ¿el terror? ¿la ficción? ¿el amor? ¿la política? en definitiva... ¿hay un tiempo justo para contar una historia?

-Intuyo que, si hay un tiempo para contar el dolor, es un tiempo particular y personal y eso no puede estar teñido por una cuestión de época. En tanto experiencia estética, si se encuentra la forma, todo puede ser narrado, pero esa forma corresponde a un tipo de experiencia. Ahora, si lo que hablamos es de "clima de época" o "coyuntura" o "horizonte de lecturas", son cuestiones en las que no me interesa pensar.

-¿Entonces, en qué pensás para encontrar "la forma"? ¿cuáles son esas experiencias que sí te interesan? 

-En este caso particular, pensé en la voz del personaje. El texto lo reescribí por completo dos veces, en la tercera reescritura encontré algo cercano a la forma definitiva, con mayor o menor fortuna, claro. Para llegar a eso me apoyé en mis lecturas madres: las escenas nucleares y la recursividad de Duras, la voz que construye Sara Gallardo en Eisejuaz, el tono de Puig, los saltos temporales de Faulkner, los diálogos y la elipsis de Hemingway.

-Parece que con esta novela te desprendés de ese personaje que viene haciendo de las suyas desde hace varios años y que dio pie a la Trilogía de la antigua serpiente. ¿La liberás definitivamente?

-¡Qué pregunta atinada! Vos sos testigo de esta forma que se fue descubriendo desde el 2011. Me cuesta soltar el texto y pensar que es algo definitivo. Me cuesta no volver a ella cada vez.

-¿Pero la liberás o tendremos más de Heroína? 

-Es imposible que responda a esto, solo puedo decir que uno siempre está volviendo sobre lo mismo, solo encuentra distintos modos de escribirlo. 

-¿Cuáles son los verdaderos demonios de Heroína?

-Un animal demasiado solitario se come así mismo, dice Sara Gallardo en Eisejuaz, y supongo que algo de eso hay en Heroína.

-¿Y los tuyos?

-Tengo tantos demonios que no los puedo contar. 

 

Pin It

Poema

Euro Montero

  

l

viene de la voz quebrada

el ombligo no miente

 

apenas dan cuenta los pasos

 

su camino es de infortunios 

donde el cielo se descalza

 

 

ll

hombres como él llevan un rostro

que se echa a la burla

 

la mano resguarda su sombra al ras

 

herida entre dos tierras

dos silencios que no menciona

 

 

lll

a ningún lado va sino al adiós

nadie lo espera

 

bajo sus pies arrastra un crujir de muerte

 

lo saben intruso sin repuestas

inmigrante

 

 


Euro Montero (Maracaibo, Venezuela, 1995). Estudiante de Letras Hispánicas en la Universidad del Zulia (L.U.Z). Obtuvo el tercer lugar en el concurso nacional de poesía joven Lydda Franco Farías 2016 con su poemario Rotos todos los cielos. Ganador de la primera mención especial del Concurso de Poesía “Andrés Bello”. Finalista del ll Concurso de Poesía Joven “Rafael Cadenas”. Participó como poeta invitado en el Tercer y Cuarto Festival de Poesía de Maracaibo, en la Primera Semana Zuliana de la Narrativa y en el Primer Simposio “Luis Guillermo Hernández” de Pensamiento Literario Venezolano. Asistió a talleres literarios dictados por los poetas Santos Lopez, Harry Almela, Adelfa Geovanny, entre otros. Poemas suyos han sido publicados en los portales La parada poética y El cautivo.

Pin It

Extranjero & amante

Sobre la escritura Poética en la distancia

José Miguel Navas

I

Quiero nuevos paisajes


  “atrás quedó
     el deseo clausurado”
         
Pablo, Quiero un nuevo paisaje. Quiero nuevos árboles, distintos a estos que me cubren,
quiero nuevas sombras. Necesito nuevos paisajes.

En tu país nos llaman -los afectados- . No soy Fuerte -lo sabes-, pero quizás en la libertad
del primer mundo lo sea. y Seamos por supuesto amantes, acompañando nuestra amistad
con buenas comidas, tragos, vino y sexo rudo.

Isis se ha ido a Miami ha dejado atrás a Carlota, la ha cambiado por la libertad de andar en
bicicleta de noche, ella toda libre,  toda mujer.

Entonces Pablo, llévame hacia ese paisaje que me narras, en ese lugar ajeno de venecos,
donde asumo otra categoría mejor dicho dos, un sudaca - afectado -.


Ando guardando billetes, de forma metafórica. Acá solo funciona el digital y el extranjero.
  
                      Yo solo espero,
                                              por ese nuevo Paisaje.


 

II

Poema en Kiev O Caracas 12 de Febrero del 2014

Me hablas de política internacional
mientras penetras mi cuerpo
eres un falso activista por la paz
tú a mí me destruyes
afuera un país se quiebra
yo me salvo en tu espalda
me tienta la sabiduría de la entrepierna
miles de personas queman Kiev
la plaza enorgullece los egos
yo te habito en la desnudez
País gigante
continente absurdo
hoy el coño nos ha llevado a un exceso de tristeza
repitiendo la historia de una raza lastimada
huimos de una crisis ajena a nosotros
yo te penetro para alcanzar mi nuevo hogar
aprieta mi sexo hasta escapar del país
esa noche televisamos La Primavera Árabe en tu cama
tratados de Paz nos quitan el sueño
mientras el Dólar aumenta y tu cuerpo enferma
mi Madre cansada nos ruega alivio fracasamos
en el intento de la cura del Cáncer
Facebook no cesa
ella descalza camina hacia cualquier frontera donde el placer exista
fantasma te logro agarrar
me hice hombre de tanto buscarte para darme cuenta que:
ya Papa y Mama no existen
reproduzco en Youtube una manifestación en Kiev
mis lágrimas sin Azúcar
cruzan el Atlántico en mis sueños
el Petróleo corre por tus venas
actualizas tu estado de Facebook
esperas comentarios de lastima
rezas a quienes no te escuchan
cegado ajeno fastidiado de la política me llamas a tu pecho
y un rio se rebosa
los niqueles de mi cuerpo te sostienen
mientras un País entero Duerme.


 

III

Esteban corre

 

I
Elegimos un lugar para huir
para enfrentarnos a nosotros mismos

II
subimos las escaleras del hotel
avergonzados
detrás el mundo y su juicio
delante la verdad
sobre los pecados de la ciudad

III
nos vencemos
estamos arruinados
somos la minoría en una historia
pasamos ocultos por el mundo
quedamos suspendidos en los bares del centro
nosotros el germen que nos tienta
esta vastedad
una isla contenida
tierra enferma
probamos la orilla
y acabamos en ella


José Miguel Navas. Venezuela, 1992. Poeta y licenciado en Comunicación social, es investigador de poesía escrita por mujeres haciendo énfasis en la obra de Wafi Salih y María Antonieta Flores. Ha publicado los poemarios La Próxima textura (2014), La Rosa Abstracta (2015) y Esteban corre (2017). En 2015 fue invitado a la Feria Internacional del libro de La Habana. Invitado en varias ocasiones en el Festival de Poesía de Maracaibo. Es facilitador de la Casa Nacional de las Letras Andrés Bello. Con su poemario “Fanny” obtuvo el Premio de Poesía “Descubriendo poetas segunda edición” Ciudad de Puerto Ordaz Venezuela en 2018.

Pin It

Después de la cuarta salsa hay sexo

Leo Felipe Campos

Pinky ha visto a Silvia bailando frente a la tarima durante treinta y seis jueves seguidos, la ha mirado caminar en puntas hasta la barra, la barra, la barra. Y con ustedes, en el piano, flash de agua y alcohol, el humo, la manito agitando sus anillos de fantasía, pantalones blancos, cabello suelto, delineador plateado y una calavera en el pulgar; escarcha, lentes, las caderas tic tac, clac y permiso: un paso al lado, la luz baja, llegando a estirar el brazo con una pulsera coqueta y detrás esa sonrisa de neón, repicando las rodillas al tiempo que saca el pecho de estrella, figura de la noche Silvia, falda larga azul y zapatos bajos, blusa de poliéster, borracha y constante, al menos con la idea que tiene del placer para sí, batiendo una vez más sus palmas y señalando al barman, que al igual que Pinky, el vocalista del grupo, la ve venir con puntualidad estricta, sola o acompañada. Camisa abierta de algodón que se moja y cae como una ola de surfista. Sin cartera, sin pudor, sin vergüenza, sin dejar de tararear ni de golpear el trago con su anillo para llevar el ritmo y disfrutar de la música —metales, cueros y coros— y del ambiente del lugar: cuerpos bailando, estrujándose y pisándose accidentalmente, en medio de piruetas y frenos y hebillas que se rozan, franela de nylon sin escote, jean negro, peineta invisible, y jugar a la dama sola, a la mujer dura, Silvia cintura de goma, a la bailarina que sigue el show desde su rincón a ojos cerrados, vente, cosita rica biribón bom-bom, y si supieran que tiene miedo: de morir apuñalada, de perder su trabajo, de conocerme y morderme, de no ser capaz de terminar a tiempo el plano y la maqueta de su vida de cuarentona, de llorar y de volver a hablar con su padre y su hermana, con quienes decidió cortar la comunicación hace poco menos de un año. Con el primero por diferencias políticas. Con la segunda porque vivía diciéndole puta y, así, comprenderán que cualquiera se distancia.

Bien, yo conozco a Silvia. Bailé con ella una noche de fiesta en el segundo piso de la casa. Vivimos cerca. Esa noche ocurrió por primera vez lo de su hermana, una pelea estéril, innecesaria. Creo que fue porque Silvia me sugirió, en una rueda de piernas cruzadas que caracoleaba alrededor de unas velas y dos neveritas con hielo, algo muy parecido al título que escogí para esta confesión. En realidad, más que el título, me ofreció el origen, sin saberlo. El punto iniciático, la piedra angular que nos tiene ahora enredados entre timbales, o al menos me tiene enredado a mí.

—Después de la sexta salsa hay sexo, siempre —dijo.

Y bebió un trago.

 

Ahí comenzó nuestra apuesta y desde entonces, hace treinta y seis jueves, no hemos parado de ir una vez a la semana al Timbal de Fuego, un local que no vale la pena describir porque repite palmo a palmo los lugares comunes de la postal universal del Caribe.

Llegamos para sacudir las piernas y sudar, para sacar la lengua con cada clave, con cada golpe seco de la ráfaga de toques sobre el cuero de la tumbadora y el chispazo de la campana en cada solo de trompetas, con una, con otra, con otra, con otra y con otra pareja, hasta el final de cada madrugada, a las cinco de la mañana del viernes, cuando alguno de nosotros debe abandonar el espacio, habiendo controlado y calculado las canciones y aproximaciones del otro con alguna persona en la pista.

Las reglas, después de cinco semanas de improvisaciones y ajustes, terminaron siendo las siguientes:

Primero: dos canciones, no importan el ritmo o la armonía, ni el año de su composición ni la popularidad o la extensión, para determinar si la pareja escogida puede seguir jugando en función de nuestra apuesta.

Segundo: el máximo de piezas seguidas para salir del local abrazando a ese nuevo conocido, directo a la cama, en cuyo caso uno de nosotros escolta al otro en el trayecto y el que pierde paga la cuenta, es de seis. Nunca de seis y media, ni de siete.

Tercero: si luego de esas seis canciones no se logra cautivar al oponente y, como consecuencia, desnudarlo, chuparlo y todo lo que a continuación solemos imaginar que puede llegar a ocurrir allí, en ese momento, acaba el turno de uno y comienza el del otro. Está claro que para nosotros es más importante el medio que el fin.

Penúltima regla: solo se puede probar con un máximo de tres parejas por noche y está prohibido repetir con la misma persona en las siguientes semanas, una vez que hayamos logrado llevarla al mete-saca-mete-saca-mete-uh.

Finalmente, lo que significa un consuelo pobre: si ninguno logra el objetivo de horizontalizar a una pareja de baile en máximo seis canciones, al final de la jornada nos toca meternos juntos en casa de alguno de nosotros, borrachos y con el ánimo enterrado, empelotados y a trepar de modo olímpico; un ejercicio agotador, doloroso y, por lo general —lo digo porque lo hemos hablado— carente de goce.

Antes.

Porque ahora estamos viviendo un conflicto: nos empieza a gustar ese empate con significado de derrota definitiva. La semana pasada nos atrevimos a romper las reglas por primera vez. Me asustaba ver cómo ya no nos esforzábamos por brillar en la pista. Por el contrario, bailábamos con desgano, con la mirada puesta en nosotros.

Con la boquita aguada, inventábamos sortear la veintena de parejas que se movían sobre la pista para caminar hasta la barra y pedir un trago y otro, para interrumpir el juego. Nos separábamos de los cuerpos ajenos. Y lo peor, si por casualidad alguna pareja nos enganchaba, decidíamos hacernos a un lado en menos de dos compases, buscábamos una excusa que llegamos a llamar calambre, otras baño, otras aire fresco. Y empezábamos a bailar juntos, nos retábamos entre empujones y besos, entre apretujones y vueltas, entre poses infantiles frente al iPhone para inmortalizar la escena.

Notamos que de alguna manera el sexo entre nosotros se estaba convirtiendo en algo más importante que la salsa. Que otra vez, el medio y su fin volvían a ser lo que antes eran. Una porquería, porque sabemos que en el Caribe, no es un mito, menear el culo, clavarle como ganchos los índices en la cintura y lamerle el cuello sudado a esa persona que se contonea enfrente, África mía, tan cerca y tan caliente, mordisco y mano abajo, de la cadera hacia las nalgas, rozando no el delirio, sino el límite de la gracia, a pocos metros de la música en vivo, suele generar taquicardia y ser mejor que la penetración sistemática, o al menos más adrenalínica, en la mayoría de los casos.

 

Total que aquí estamos: jueves número treinta y siete en el Timbal de Fuego que siempre esconde una humedad satisfactoria. Diría que todo comenzó hace un mes y medio, cuando el saldo marcaba dieciocho triunfos para Silvia y once para mí, con siete empates que al principio fueron repugnantes. Eso sí, el récord de velocidad y precisión era mío, con apenas dos canciones y media antes del sexo. Fue con una cubana que se parecía a Cleopatra, lo que motivó a Silvia a ponerle un asterisco a mi marca. No me importa.

Sea como sea, a estas alturas está claro que ella tenía razón. La mayoría de las veces nos sobraban canciones para follar con desconocidos. No hacía falta llegar a la sexta. Y si bailábamos sin parar, luego de una media hora sin lograr seducir al juguete extraño en la pista de baile, es porque probablemente no habríamos podido amarlo nunca de cualquier otra manera, ni comprándole una casa.

Antes de seguir debo aclarar que además de los europeos y los asiáticos, que no podrían hacer un ocho adecentado con sus caderas ni frente a una amenaza de muerte, y además de los que bailan salsa como si fueran una pistola contra el tiempo, que asisten al sabor del dancing como quien mira un programa de repostería en la televisión sin tener hambre; están también los que se contienen y a veces hasta se reprimen. Esos son los que desean desnudarse en plena pista, pero no se atreven porque alguna doctrina profunda que mezcla pudor y culpa se los impide. Son terribles y se reconocen, por lo general, hacia el final de la segunda canción, luego de algunos abrazos en los que parecen ceder, con el codo izquierdo a mitad de su columna y la mano derecha acariciándole la nuca, en el caso de los hombres, y con ambas manos sujetando sus hombros, en el de las mujeres. Pero no ceden. Se separan apretando las pestañas y construyen una mueca que parece ofrecer una disculpa, algo como esto: (mueca que parece ofrecer una disculpa).

Son la excepción estúpida, el absurdo. Un error en la pista.

Pese a ellos, no hay ya nada que probar. Sin contar los tres empates que Silvia y yo escogimos para este último mes, una decisión desacertada que nos ha desviado del objetivo inicial de la apuesta, puedo asegurar que hubo dos errores en aquella frase de Silvia en la terraza, sobre todo si nos apegamos a las estadísticas. Primero, el sexo es más seguro después de la cuarta que de la sexta canción. Segundo, no es siempre. Pero casi.

Ahora mismo hemos visto cómo Pinky, el vocalista, y el barman achinado y fuerte con su cabello liso y puyudo, están ganando dinero a costillas de nosotros. Se han dado cuenta de nuestro juego y han empezado a apostar con los otros músicos y mesoneros, a favor de uno y otro, según la noche, y han llegado a la conclusión de que la salsa en el Caribe es un trabajo más erótico que musical. Me lo dijo el negro de la trompeta el jueves pasado en una reflexión frente al lavamanos, durante el descanso y todavía con la nariz empolvada. Sonaba el Quinto Sabroso de Joe Cuba.

Silvia está soltando a su pareja en este momento.

 

Después de la cuarta salsa hay sexo y lo he comprobado nueve veces con mujeres distintas. Otras dos veces, una después de la segunda, una después de la quinta. Cuando no es así, me voy con ella, que sigue llevando la delantera. Todo buen bailarín lo sabe: se puede llegar solo a la pista, pero siempre es necesario tener un cómplice, una pareja segura de repuesto, un número de teléfono activo las veinticuatro horas, el martillo que rompe el cristal en caso de emergencia. Y Silvia, en este caso, con esa falda negra y su chaleco anaranjado por encima del ombligo, moviéndose alegre y segura al son de la guataca indestructible de la Fania, es más que una culebra con buen ritmo; es una figura mágica que ha logrado secuestrarme el deseo de miércoles a viernes, reforzando ese mito calenturiento del Caribe según el cual el swing es como el talento: se tiene, o no se tiene.

Ahora está en la barra. Idilio, Barrunto, Mi gente y Llorarás. Me comienza a parecer sublime y encantadora. No lo he dicho, también es mucho mejor bailarina que yo.

Si Estados Unidos exporta su imaginario de hamburguesas, rascacielos y parques temáticos, si Argentina tiene sus vacas y Egipto sus pirámides, si Japón es pura tecnología y España la poesía ultracontemporánea del Fútbol Club Barcelona, nosotros tenemos la salsa en la noche, que nació entre Cuba, Puerto Rico y el Bronx hace cuarenta años, y también tenemos cuerpo para bailarla, algo que, es verdad, no sirve para sentir orgullo, pero sí como preámbulo erótico para encuerarnos en la cama. Además, tenemos a Silvia. ¿No es eso más importante que una bandera o aquello que llaman vanguardia?

Para mí, sí.

Ahí viene. Silvia, con sus Converse de goma y los hilos del pantalón roto en los bolsillos de atrás. Gitana. Carga un trago en cada mano y camina directo hacia este cuerpecito gastado y eléctrico, en el vórtice que componen también las miradas de Pinky y el barman achinado, equivocados como estarán de ahora en adelante, los próximos cuatro o cinco jueves, mientras nosotros resolvemos seguir pactando, pero no porque queramos que pierdan su dinero, sino porque ya comenzamos a pensar en una nueva apuesta que aumente el reto, o en una hipótesis improbable que nos estimule a bailar más y a empatar menos.

 


Cuento publicado en “Gancho al hígado”, editorial Tusquet, Bogotá, 2018.


 

LEO FELIPE CAMPOS nació en San Félix, pero se trasladó a Caracas donde se graduó de Comunicador Social. Ha sido actor de teatro, periodista deportivo y asistente de dirección en cine y televisión. Es fundador y editor de dos revistas venezolanas Platanoverde y 2021 Pura Ficción. Publicó “Los paralelos”, su primer cuento en el 2006 por Amauta Editorial. En 2009, publicó con Ediciones PuntoCero su primera novela “Sexo en mi pueblo”. Actualmente reside en Bogotá.

Pin It

El mundo del poeta

Freddy Yance

Un negro para una blanca es otro idioma.

 

Esquivo las esferas a las cuales solo puedo acceder mientras más cerca me halle del golpe que destruiría mi vida.

Porque todos los bosques esperan o reclaman cierta manera de someter tu luz a su aliento, sin embargo, el oro de los desiertos me es entregado a cambio de no permitir que nadie me doblegue.

Y las condiciones que transforman una recta en un círculo son las palabras, o momentos, que laurean la hazaña de brillar cuando traiciono al Orión de mi sangre infinita.

 

La fuerza no pertenece al verano sino al ave que lo atraviesa como un río o muchacho de ojos distraídos e iluminados por el signo que le impide detenerse.

 

El tiempo es una embarazada de colibríes muertos, y el abatimiento causado por la transición de luces y sombras, que me obliga a tomar una posición inofensiva, es el sustento de ti situado en la otra punta de este poema.

 

He alcanzado libertad a través de desdichados caminos donde conocí mis ojos, y lo dulce brota de mis pupilas cuando ya no resisten la luz.

Desdichados caminos donde debí llegar al final del grito y la caída para comprender que soy las cosas que me alejan de los demás.

 

¡Oh, libertad!, soledad en llamas.

 

Las aventuras que distraen mi camino a lugares donde solo puedo llegar tras el sacrificio de mi honor y mi orgullo no tejen en mis horas la felicidad ni el goce que recibiría si –como un abedul– me quedara quieto en mis llamas.

Pero el rigor de una juventud perfecta me exige dirigir mis pasos por senderos ante los cuales me siento vacío y exhausto como un alma sin cuerpo.

Yo me quiero ayudar, ofrendarme la compañía exquisita de mis sueños.

Sin embargo, debo aceptar que solo puedo ver en los demás aquello que veo en mí.

Y a pesar de la extenuación de la memoria en el intento de recrear en palabras los instantes que hicieron de mí un monstruo, todo se resume al escenario donde estoy frente a ti, y culmino mi lectura, y me aplaudes.

 

Nosotros no tenemos un lugar en el mundo, pero nos tenemos a nosotros mismos, y debemos defender y preservar eso.

Y las cosas que digo las digo por mí mismo y a mí mismo, no quede duda de esto a nadie.

Qué es el éxito, pregunto de nuevo, y no encuentro una vida para mi vida en la cual yo pueda rendirme felizmente.

 

No puedo pensar en mi esencia cuando me dan.

Entre más recibo más lejos me encuentro de mí.

Y aunque sea paradójico, las esferas que amo son aquellas que me entregan todo desde el lugar donde soy solo sangre hasta la noche donde mi pecho es un santuario.

 

Pareciera que mi lucidez aflora exclusivamente en los momentos donde despliego la tragedia como luz que hiere mis recuerdos.

Ciertamente detesto a las esferas que solo me aceptan cuando estoy a segundos del quiebre, o aquellas cuya compañía implica la ausencia de las estrellas que me regalaron la muerte como Libro de mis días.

Porque la tranquilidad es alcanzar un grado de consciencia en tus palabras que te impida seducirte, o sentir compasión por ti mismo cuando el baile te indique que ha comenzado la música.

 

Sin embargo, no es, hasta alcanzar lo fértil en la edad del grito, que el silencio de nuestra carne se manifiesta como una epifanía ineluctable donde se demuestra que soy una basura.

Pero yo elijo no ser una basura.

Por eso escribo.

 

Y nada termina de suceder y nada es nuevo.

Y las esferas son las edades del ser cuya magnitud no la define el espejo, sino el sentido de los poemas que ha decidido recordar como abrir los ojos.

Quizás por eso no abandono Venezuela, porque ningún idioma me da las cosas que tampoco me da el castellano.

Quizás, el arenoso vocabulario de Rumi, o el sagrado azul de Homero, habrían redimido a mi amor de esta nostalgia de bailar merengue con mi mamá en el 82, hermosamente vestidas de blanco, una noche tranquila después de los ríos.

Sueño volver, viajar a la edad donde cada una de las personas que he conocido vivían de un modo ilimitado, y nada podía vencerlas.

Pero, a veces, logro escuchar tu Voz, encima del sol y las estrellas, y puedo olvidar el sentido de estas palabras, y el sentido de mí, y el sentido de todo.

Y me desprendo del mundo como un colibrí de las rosas.

 

Pin It

Por qué grita esa mujer...

Poesía feminista

Adriana Morán Sarmiento

"Soy mujer y he tenido la suerte de hacer una carrera que me llevó a los lugares donde quería estar. Incluso a lugares que no había imaginado. Pero que en un grupo invisibilizado algunas logremos hacernos ver no invalida la oscuridad sino que la potencia."

Claudia Piñeiro
Discurso de apertura- FILBA, 2018

 

Un grupo de escritoras se viste de rojo y recita un poema de Susana Thénon en las escaleras del MALBA. Es viernes por la tarde, todo el que pase escucha las líneas de "Por qué grita esa mujer..."

Otras 800 mujeres -agrupadas en colectivos de actrices, escritoras, académicas, bailarinas y más- sumaron adhesiones para pedirle a los diputados del Congreso da la Nación que votaran a favor de la despenalización y legalización del aborto.

Un día inesperado, otro grupo de escritoras y periodistas se viste con túnicas rojas y tocas blancas simulando los personajes de The Handmaid's Tale, la novela de Margaret Atwood, quien ya se pronunció varias veces a favor de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Fueron 20 minutos de silencio frente al Congreso, donde el cuerpo se hizo presente para reafirmar la lucha.

Por qué gritan esas mujeres, por qué ahora. Porque es el momento. Porque están ahí y quieren ser escuchadas. Porque en la sociedad argentina hay valientes que deciden usar la palabra para desarticular el mito. Entonces, la poesía hace presencia.

"Informamos desde el amor, la transparencia y por sobre todas las cosas, desde un gran sentido de sororidad -dice Valentina Vidal, escritora que forma parte de Nosotras Proponemos Literatura (nP Literatura)- A esta altura del partido, la pregunta no es si vos, ella o yo abortaríamos, la pregunta es, por qué si una mujer aborta por las razones que sean, siendo una intervención tan dura desde lo físico ¿no puede ser libre de hacerlo y contar con los recursos necesarios desde la salud pública en vez de morir en manos de un aborto clandestino?".

Si la belleza es una forma de resistir, la osadía
de salirse del plan oscuro de los pocos,
vemos las marcas de su persistencia en cada esquirla,
cada pacto para producir la dicha, el espesor
de la mirada sobre las partes, los pequeños
detalles de lo otro, las cúspides, los talones invisibles,
el paño húmedo sobre la frente cuando
ya no hay fiebre que pueda quebrar la realidad
de los mandados y las penas a secas.

[Valeria Cervero]

La poeta Romina Ávila Tosi comenta como del cruce de la militancia y el arte surgen publicaciones como el fanzine Somos centelleantes #ArtistasPorElAbortoLegal, del cual es editora junto a Fernanda López, Gaby Mena y María Raquel Resta. "Muchas de las que participamos en el colectivo nos consideramos trabajadoras de las artes. Después de una experiencia anterior que se había hecho para visibilizar y sensibilizar sobre la desaparición de Santiago Maldonado "Hay  palabras alrededor de este cuerpo", en la que habían participado algunas compañeras, se nos ocurrió que podíamos aportar desde la poesía también a algo que nos urge y nos conmueve en este momento como es el tema de la ley de interrupción voluntaria del embarazo". Así surgió la publicación gratuita que reúne 28 poetas.

"El objetivo de publicar el fanzine y de distribuirlo gratuitamente es visibilizar, sensibilizar y aportar "argumentos poéticos", es decir, poner en palabras e imágenes, experiencias propias o ajenas de quienes gestamos, para que otras personas puedan acercarse a estas experiencias y -ojalá- hacerlas reflexionar sobre el tema", concluye Romina.

PEDIDO DE URGENCIA*

 “Estas pibitas se hacen un aborto el viernes
y van a bailar el sábado al boliche”.
(Sabiduría popular cretina)


Que nadie crea que ya se me instaló el alivio
como ante un trámite terminado.
No es cierto que tenga ganas de ir a bailar esta noche
como dice mi vecina cuando pasa una chica con el pañuelo verde.
Yo no fui valiente y lo llevé escondido en la cartera
hasta que me pude mezclar entre las miles, en la plaza.
Yo no fui valiente y no le dije nada a mi vecina ni a mi vieja,
porque necesité guardar la fuerza para hacerlo.
Yo no fui valiente hasta hoy, en que lo escribo,
lo regalo, lo comparto
Lo transformo en pedido, en urgente pedido,
en  enorme esperanza.


[Gladis López Riquert]

 

Para Pamela Terlizzi Prina, "la poesía siempre fue de algún modo disruptiva, revolucionaria. Lo tabú, lo fuera de consenso es un poco el espacio donde se mueve la poesía. Así que pienso que hacerle lugar a la palabra, "des-sacralizarla" es una manera de ir para adelante, de sacarla del tabú y llevarla a la calle". La escritora que coordina el ciclo de arte Siga al Conejo Blanco, propone acercar la poesía a las experiencias cotidianas: "ponerla como un concepto de mujeres, entre mujeres, para mujeres hace que la bajemos a la tierra. Y hablar de cosas que nos mueven todos los días, nos hace la militancia más cercana."

 

EL NUDO*


Vas a la guardia para que te calmen el malestar que tenés en el estómago. Te fastidia la sala de espera. Hay una pibita que masca chicle y hace globo. El olor dulce y sintético que se le escapa de la boca te da asco. Para colmo bambolea las piernas y sacude toda la fila de asientos. Te marea. Le clavás una mirada despectiva; se muerde el labio de abajo y te devuelve el gesto transformado en un “qué hambre”. Otra mujer habla a los gritos por celular. El Dani se me accidentó con la moto, dice entre llantos. Te imaginás un tipo desparramado en el pavimento, pero lo que te horroriza es haber escuchado el artículo antes del nombre.

Por fin te llaman, explicás lo que sentís y respondés el cuestionario de rutina. Intoxicación no es, nadie más tiene tus síntomas, lo que sea que te pasa, te está pasando a vos sola. No tomaste nada, no. Lo negás dos veces, querrás convencerte a vos misma, porque la sensación que te invade es igual a la resaca. Te hacen una ecografía. En la oscuridad del consultorio pescás el chasquido de la lengua del técnico y sabés que encontró algo. ¿Apéndice?, arriesgás. No, te dice y te lo larga así nomás, en seco: estás embarazada. No puede ser, está equivocado, le pedís que se fije bien. El tipo señala el monitor y te traduce las manchas como si fueras idiota. Te las sabías todas, profesora, y te toca hacer el papel de ignorante. Él termina ahí, no tiene más nada que hacer, prende la luz, se va y que pase el que sigue.

Te cruzás la ciudad a pie. Todos los olores se te meten adentro y te repugnan. No sos dueña de tus pensamientos, se suceden a capricho. Te asalta un recuerdo de cuando eras chica: habías abierto el cajón de bombachas de tu abuela y entre las prendas encontraste un muñeco de trapo atravesado con alfileres. Así te asusta el hallazgo en tu cuerpo. El nudo que antes te dolía en el estómago ahora te aprieta en la garganta. Te resultaría más fácil asimilar un tumor o un parásito, no tendrías que dar explicaciones y no sería necesario que te preguntes con esta urgencia qué querés hacer.


[Silvina Gruppo]

 


* Los poemas son del fanzine Somos centelleantes #ArtistasPorElAbortoLegal

Foto: M.A.F.I.A., Movimiento Argentino de Fotógrafxs Independientes Autoconvocadxs.

Pin It
Publicación virtual de

La Vaca Mariposa

¿Quiénes somos?

Haciendo Muu+

Contacto

Envíame un mail