Fotografía

La noche de los hombres solitarios

Nelson González Leal

 

Cuando alguien de la comunidad Black and White Fine Art Photography de Google Plus, al ver una de las fotografías de mi serie The night of lonely men, hizo la pregunta “It does have a reputation of 'a violent city', dangerous for solo escapades. Is it true?”, supe que el trabajo que venía realizando al captar estas imágenes nocturnas de Caracas tenía sentido. Y no es que antes no lo creyera, sino que esta vez, bajo esa inquietud manifestada desde esa popular red social para fotógrafos aficionados, el contenido de cada imagen comenzaba a asomar dos cosas: la potencia interpretativa del registro documental que posibilitan las escenas documentadas y su capacidad de generar inquietud en el espectador, desde una interpretación primaria —de primera vista— , y además aislada del conjunto, porque al fin y al cabo se trataba de una serie de 36 fotografías y aquel espectador de Google Plus apenas había visto una.

 Me alegró que una imagen, apenas una, de aquel conjunto pudiera despertar esta inquietud y al mismo tiempo me sentí turbado al pensar si acaso el registro que venía realizando podría constituirse en un manifiesto escaso de la realidad nocturna de Caracas, justo en una época en que demasiadas personas en el mundo estaban colocando su mirada sobre Venezuela. No obstante, la exploración está allí, en cada imagen y en su conjunto, presente para exponer algo más que la objetivación de un entorno urbano singularizado por una crisis política.

En cada imagen de la serie The night of lonely men se expresa en amplitud reverberante una terrible situación humana: la de la soledad del hombre frente a sí mismo, y esta se conjuga con el espacio que éste determina y que al mismo tiempo lo condiciona como ser social, para arrojar como desenlace una lectura a contracampo, vista con agudeza por otro espectador al acaso, el escritor y diplomático venezolano Leandro Area Pereira, quien interpreta, a partir de la misma foto que generó la pregunta en la comunidad de Google Plus, que lo que ocurre en la imagen se ubica no en lo que objetivamente puede representar cada sujeto fotografiado, sino en lo que éste deja o pretende dejar atrás.

 Y he aquí que esta segunda interpretación lejos de sosegarme aumenta la inquietud, porque se torna reflexiva e invoca, de inmediato, la presencia del autor, de nuevo desde esa lectura a contracampo: ¿Qué ve, o qué busca aquel que está detrás de la cámara fotográfica y dispara para congelar/escenificar en un cuadro aquel momento, aquella circunstancia? ¿Qué ve, o qué pretende dejar atrás? Tal vez ustedes obtengan la respuestas, al observar con detalle cada fotografía.


Nelson González Leal, nació en Maracaibo en 1965 y migró a Caracas, por primera vez en 1984. Desde entonces se ha movido entre su ciudad natal, la capital del país y algunas ciudades extranjeras, como Ciudad de México y Brasilia. En esta última vivió 6 años, de 2004 a 2010, y a su regreso al país decidió instalarse de manera definitiva en Caracas, territorio que ha sido objeto y sujeto de su cámara fotográfica desde aquel mismo momento. Comunicador social, escritor y fotógrafo, debe a dos ciudades contrapuestas la agudización de su mirada fotográfica, Brasilia, en primer término, pues fue donde estudió el oficio, y Caracas, cuyas calles ha ido desbravando a fuerza de tirar fotos. De esta labor de amansamiento callejero viene la serie The night of lonely men.

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La foto del manifestante en llamas

Pedro Camacho

(Foto: World Press Photo)

Cuando ve la foto más importante de su carrera, Ronaldo Schemidt recuerda el instante con lucidez. “Me quedó una marca. Veo la foto, se recrea en mi cabeza y me lleva al 3 de mayo de 2017”. Ese día cubría, como venía haciendo durante dos semanas, las manifestaciones en contra del gobierno de Nicolás Maduro en las calles de Caracas, su ciudad natal. Desde el inicio de las protestas el 31 de marzo, la violencia entre autoridades y manifestantes había ido progresivamente en aumento, y el instinto de Schemidt, un veterano reportero gráfico de AFP, le decía que pronto algo estaba por suceder.

A pesar de esta sensación, el 3 de mayo comenzó como cualquier otro día. Desde temprano en la mañana, y durante 6 ó 7 horas, fotografió los acontecimientos que se desarrollaban cerca de la plaza de Altamira, un sitio emblemático para la oposición venezolana desde la llegada del chavismo en 1998. En las propias palabras de Schemidt, los hechos ocurrían “como un libreto” repitiéndose las mismas acciones día tras día. “Los manifestantes bajaban y ganaban espacios, luego la Guardia Nacional subía y los recuperaba y así seguían por horas”. Pero avanzada la tarde, Ronaldo se topó con una situación que alteró la narrativa. Una moto de la Guardia Nacional yacía en el medio de la calle, aparentemente abandonada. A su alrededor merodeaba un grupo de jóvenes manifestantes, algunos con molotovs caseras en sus manos. Frente a lo que consideraba un peligro inminente, Ronaldo decidió darle la espalda a la situación y alejarse cuanto antes del lugar. Pero al momento preciso de voltearse lo invadió un sonido estruendoso (“como de un lanzallamas gigante”) y sintió un calor abrupto en su cuello, la única parte de su cuerpo que quedaba al descubierto luego de equiparse diariamente con chaleco antibalas, casco y máscara lacrimógena. Instintivamente volteó una vez más, alzó su cámara y disparó. “Empecé a disparar hacia algo que escuché más no vi”, explicaría después. El resultado fue una de las fotos más famosas de los 134 días de protestas que vivió Venezuela en 2017 y que le podría significar a Schemidt un premio como la foto del año de World Press Photo, el más prestigioso concurso de fotoperiodismo en el ámbito mundial.

Carmen Salazar no puede afirmar con certeza que su hermano José Víctor haya visto alguna vez la foto de Ronaldo Schemidt. “Siempre que he intentado mostrársela no quiere verla”, afirma. Cuando comenzaron las protestas en marzo de 2017, José Víctor Salazar estudiaba bioanálisis en Ciudad Bolívar, a 450 km de la capital venezolana. El 19 de ese mes, sin embargo, Carmen se enteró a través de Facebook que José Víctor estaba en Caracas, participando en la multitudinaria manifestación convocada por la oposición que llevaba por nombre “la madre de todas las marchas”. No era la primera vez que participaba activamente en manifestaciones. En febrero de 2014 había sido apresado por tres días durante una serie de protestas en su ciudad, pero desde ese entonces “se tranquilizó con eso de la política”, explica su hermana. Sin embargo, en 2017 para José Víctor la situación del país se había tornado insostenible y la nueva ola de manifestaciones parecía una señal de esperanza. “Él me decía ‘nos están llevando cada vez más a la pobreza, a la miseria’ y yo le respondía ‘bueno, es verdad, pero ¿qué vas a lograr tú en una marcha? Tú no vas a hacer nada. Tú que te la pasas metido en esas marchas, a ti te va a pasar algo”.

A pesar de que visitó el país en varias ocasiones desde su partida en el año 2000, fue en 2013 que Ronaldo Schemidt viajó a Venezuela por primera vez como reportero gráfico acreditado por AFP para cubrir el sepelio del presidente Hugo Chávez. A partir de entonces tuvo que viajar con regularidad para cubrir desde elecciones hasta reportajes especiales que se enfocaban en la escasez de medicinas y alimentos. Con cada visita, Schemidt fue entendiendo el papel del reportero gráfico en Venezuela y la percepción que tenía cada uno de los dos bandos que polarizan a la sociedad sobre su oficio. “Los que apoyan al Gobierno nos ven como sus enemigos. Dicen que somos la prensa vendida. No entienden el rol del periodismo serio en donde vas a reportar lo que está pasando, te guste o no. Mientras que los opositores creen que nosotros estamos ahí para darles apoyo. La gente nos aplaude, nos da las gracias... Pero yo tampoco los estoy apoyando a ellos, yo estoy haciendo periodismo”. Alrededor de la foto que tomó el 3 de mayo se tejieron varias versiones, pero la de Schemidt, quien sostenía que todo fue a causa de una serie de eventos desafortunados, se vio reivindicada en gran parte gracias a un video del suceso que se viralizó poco después, tomado desde otro ángulo. En él se ve la moto, se evidencia la euforia de los manifestantes, se observa la llama incipiente y el momento exacto en el que, con un golpe certero, se desprende la tapa de la gasolina, disparando la llamarada que envuelve al protagonista de la foto. Se distingue también el momento en que, entre varios, logran aplacar el fuego sobre su cuerpo al caer al suelo. José Víctor Salazar había quedado gravemente herido, pero por lo menos estaba con vida. “Me impresionó cómo a alguien y más aún siendo tan joven le pasa una tragedia como esta que va a cambiar su vida para siempre”, reflexiona el fotógrafo.

Cuando Carmen se enteró del accidente se trasladó de inmediato a la capital, viaje que realizaría cada dos semanas durante los próximos cinco meses. El diagnóstico oficial: quemaduras en el 72% de su cuerpo, afectando el torso, el abdomen, las piernas y los brazos. Las más de 27 intervenciones quirúrgicas que salvaron su vida fueron realizadas en la Clínica Metropolitana, institución privada que decidió exonerar los gastos del joven por considerarlo un caso social. Además, la familia Salazar se vio beneficiada por incontables actos de solidaridad. “Cuando nos pedían un medicamento que nosotros obviamente no podíamos conseguir, porque aquí casi nada se consigue, alguien nos lo hacía llegar. Yo mandaba una cadena pidiendo ayuda y siempre todo aparecía. Del exterior mucha gente ayudó en cantidades”. En octubre, los Salazar volvieron a Ciudad Bolívar donde actualmente continúan los tratamientos de rehabilitación de José Víctor aunque mensualmente deben volver a Caracas para retomar varias cirugías pendientes que le permitirán recobrar sensaciones en sus dedos y volver a flexionar sus codos. Cuando Carmen le menciona lo de la foto siempre recibe la misma respuesta de su hermano, quien aún parece renuente a recordar lo que pasó aquel día: “no me estén diciendo nada de esa foto”. Ronaldo Schemidt y Jose Víctor Salazar nunca se conocieron. Pero siempre estarán ligados por los hechos que ocurrieron el 3 de mayo y que, de dos maneras muy diferentes, marcaron sus vidas. “Cuando me enteré de la nominación” explica Schemidt, “tuve un sentimiento encontrado porque si bien estoy nominado a un premio que seguramente será algo importante para mi carrera, no deja de afectarme que la gente sigue pasándola mal en Venezuela, la crisis sigue y las cosas están peor”. Para los Salazar, la misma imagen genera sentimientos encontrados. Por un lado es un recuerdo constante del peor día de sus vidas pero además ha sido la razón principal por la que José Víctor ha logrado conseguir la ayuda para su recuperación. “Con lo de la nominación de la foto muchos me decían que si iba a pedir algo por eso. Yo les decía: ‘mira, al final ese fue su trabajo y si no hubiese sido por esa foto José Víctor no hubiese aparecido en todo el mundo y nadie nos hubiese podido ayudar” puntualiza Carmen. Los ganadores de World Press Photo serán revelados el próximo 12 de abril.


PEDRO CAMACHO. Periodista y realizador audiovisual, ha desarrollado contenidos para impresos, cine y televisión. En su carrera ha trabajado como redactor para compañías como The Biography Channel, Discovery Channel y MTV y como periodista y colaborador para plataformas como Vice, The Creators Project y Vogue. En paralelo ha encaminado una carrera como documentalista, estrenando en 2013 su primer largometraje documental "Desde Afuera" y en 2017 una serie de videos testimoniales sobre la crisis venezolana titulada "Retratos Urgentes".

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México Contemporáneo en FoLa

FoLa, Fototeca latinoamericana presenta en Buenos Aires la exposición México Contemporáneo en la que tres fotógrafos  hacen una lectura del fervor cotidiano de su país y su gente. Una mirada inédita, aguda y sutil sobre el devenir mexicano.

Por: Pablo Cabado (Fola, junio 2017)

  • Mexico001
    Independientemente de con quien duerma. Miguel Calderón
  • Mexico002
    Empleado del mes. Miguel Calderón
  • Mexico003
    Acapulco. Miguel Calderón
  • Mexico004
    Suburbia mexicana. Alejandro Cartagena
  • Mexico005
    Suburbia mexicana. Alejandro Cartagena
  • Mexico006
    CarShow. Alejandro Cartagena
  • Mexico007
    De la serie frontera. San-Diego-Tijuana-XIII.Pablo López Luz
  • Mexico008
    De la serie frontera. Pablo López Luz
  • Mexico009
    Pyramid. Pablo López Luz

En el contexto de la fotografía Latinoamericana, México ha tenido un papel sobresaliente desde la invención misma de la fotografía en adelante. Pero quizás el momento cumbre se defina por el reconocimiento internacional obtenido a partir de la inclusión de tres de sus autores en la exposición “The Family of Man” en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en el año 1955. Esta exposición, concebida por el fotógrafo Edward Steichen, director del departamento de fotografía del Moma en ese momento, marca un capítulo central en la historia de la fotografía del siglo XX y de algún modo, el reconocimiento de la fotografía como arte. Manuel Álvarez Bravo, Lola Álvarez Bravo y Riva Brooks fueron los autores invitados para la ocasión.

Manuel Álvarez Bravo ha sido además una figura importantísima de la fotografía latinoamericana, protagonista del movimiento surrealista y maestro indiscutible de una brillante generación de fotógrafos mexicanos que incluye a Graciela Iturbide, Pedro Meyer, Mariana Yampolsky, Pablo Ortíz Monasterio, Flor Garduño, entre muchos otros.

Pero México además se ha nutrido de las visitas constantes de muchos de los más célebres fotógrafos del siglo XX, quienes han producido en ese país, fascinados por la riqueza natural y cultural y por las complejidades sociales que lo han atravesado: Edward Weston, Tina Modotti, Henri Cartier Bresson, Joseph Koudelka, Sebastião Salgado.

Dentro de ese panorama y de la grandísima riqueza de autores, curar una exposición de fotografía contemporánea mexicana conlleva la compleja y a su vez inmensa posibilidad de poder elegir entre muchos fotógrafos, todos de grandísima calidad.

Mi selección se basa en mi gusto personal, tres autores nacidos en la década del ’70 cuyos trabajos transitan entre la mirada personal y documental, un punto donde también me siento representado.

Miguel Calderón (1971), actor central en la escena mexicana desde hace años, sus temas tienen que ver con la violencia y la corrupción en la sociedad mexicana, la cetrería. Muchas de sus obras incorporan el humor mordaz y referencias directas de la cultura popular del país. Además de fotografía, trabaja en video, escultura y pintura. Su trabajo Independientemente de con quien duerma compila imágenes de distintas etapas de su producción como fotógrafo, también presenta las series Evolución del Hombre y Empleado del Mes y el video Caída Libre en el que registra con gran belleza 24 hs en la vida de un aficionado a la cetrería.

Alejandro Cartagena (1977), su trabajo se centra en la exploración del paisaje y el retrato como instrumentos de observación de las construcciones culturales, sociales y políticas que conforman la sociedad actual. Suburbia Mexicana y Carpoolers son dos de sus trabajos más reconocidos. En la serie Carpoolers, Cartagena documenta el viaje del día a día de los trabajadores en la ciudad de Monterrey, desde uno de los puentes para peatones, desde allí el autor accede a una visión cenital de las camionetas de los jardineros, albañiles, plomeros, que día a día en el ritmo incesante del “progreso” van y vienen a cumplir con su labores, creando un políptico de gran poderío estético. En Suburbia Mexicana el autor se enfoca en el desmedido desarrollo inmobiliario de la periferia y su impacto social y ambiental.

Pablo López Luz (1979) Frontera y Pyramid, son las dos series del autor, en Frontera, las texturas de un territorio político por excelencia, se convierten casi en obras abstractas, fotografiadas desde el aire en cuatro viajes en helicóptero y realizadas con gran rigor técnico, la frontera vista desde arriba resalta la gran belleza de un paisaje natural cargado de conflictos. En Pyramid el autor explora el paisaje urbano y realiza un compendio visual de formas geométricas simples, que nos remiten a los modelos prehispánicos denotando la inserción y vigencia de estos patrones en el contexto urbano contemporáneo de diversas ciudades latinoamericanas.

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