Breves

Eduardo E. Vardé

Buenos Aires

UNA CUESTIÓN DE LENGUAJE

A Elsa y Rosa

Te acaricio con los versos y son los versos mis dedos y temblás como una flor si te acaricio y son tus ojos leyendas y son nuestros pechos estrellas y vibro a tu compás y es el viento bajo mi falda excitante y es tu sábana rosa el nido y es el hilo de tu tanga mi horca y es tatuarme tus muslos en las manos y es morderte el cuello para matarte y es sentirte revivir en tus gemidos y es tu nombre de misterio y libertad y es el mío de infinito y euforia y es el sol compartido que no me hace tu vida y es la luna compartida que no te hace mi vida y ahora somos una y es el sin fin de palabras que te describen y es la curva de tu espalda la culpable y nada mejor que mi lengua para acabar diciendo esto.


EL FIN DE LA VIDA

No hizo más que seguir el consejo, compró el libro de Lair Ribeiro y lo leyó hasta el hartazgo. Luego se subió al mundo, lo caminó a fondo, hasta dejarlo rendido a sus pies. Tuvo éxito, mucho éxito. Compró arena del desierto y piedras del monte para decorar la sala. Tuvo una mujer y varias amantes de lujo. Le sobró para tener tres mansiones y un único futuro asegurado. Por eso nunca vendió su casa natal, la de patio gris al fondo, donde una mañana descubrió su manos arrugadas, vacías.


REVANCHA

“La diferencia entre dios y yo es que yo existo”
Nietzsche

No sé cómo llegué, ni sé dónde es, pero estaba ahí. Era un sitio oscuro, como si la boca de la medianoche se abriera sobre mí. Estaba solo, comencé a deambular. En la nada, encontré fumando a la nada, me observaba, tenía una sombra derritiéndose entre los dedos y una débil luz circular flotando sobre el pelo, era casi imperceptible.
Mientras buscaba tréboles de cuatro hojas (o cualquier cosa que me sacara de ese lugar) le explicaba todo eso que supuestamente ella ya sabía. Tal vez así conseguía la oportunidad. Decía que me la tenía que ganar. Pero no aguanté. ¿Quién puede aguantar?
–Yo… yo… yo quiero otra cosa, grité, un Dios que no cargue tanto silencio en la voz.


PROCESOS

En un acto solemne de ingeniería literaria buscó la palabra exacta, la frase precisa, verosímil, no redundante, no exagerada. Presentó los personajes y puso a rodar la historia. No quedó un tornillo suelto, ni una pared sin pintar. La obra fue ambiciosa y consiguió superar las expectativas. Los mejores la editaron, los grandes la publicaron, los críticos lo aplaudieron, lo enaltecieron. Se llevó todos los premios, rompió todos los records. Pero nunca encontró un ojo que realmente penetre el proceso.

Eduardo E. Vardé. Nació en 1984 en Buenos Aires. Microcuentista y poeta. Fue premiado en varios concursos literarios, editó LCDA (2009) y Dos Veces Breve (2013), además participó en antologías de Argentina, Chile, México y España. Actualmente cursa la carrera de Edición (Universidad de Buenos Aires)

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