Cinco preguntas y un final: Carlos Ríos

1-¿Cuál es tu máxima en el trabajo?
-Escribí, escribí, hasta que algo aparezca.

2-Un defecto que no puede dominar
-Hablar todo el tiempo de literatura, hasta el cansancio o el hartazgo de los que me escuchan; también contar de qué van los libros que estoy escribiendo.

3-¿Cuál es el libro que todos deben leer?
-El libro que todos deben leer supone una fatalidad o una locura: se trataría de un libro que en sus páginas contenga todos los libros del mundo. Como esto ya ha sido repetido cientos de veces, juguemos a pensar que el libro que todos deben leer es aquel que en sus páginas contenga algo que no está en otros libros. Cosa difícil, ¿no? Y a la vez fácil: basta con haber leído poco para que eso suceda. Alguien podría decir, en esta dirección: “El libro que todos deben leer es el único que yo leí”.

4-¿Qué cosa hace mágica a la literatura?
-No sé. Tal vez ese don de la ubicuidad que le es tan propio: está en todas partes y en ninguna. Viaja por diferentes soportes. Ese nomadismo perpetuo.

5- Dónde está el paraíso…
-A veces aparece en estos versos de Dante: “Es verdad, que la forma no concuerda/ alguna vez con la intención del arte”. Ahí podría esconderse el Paraíso, en la “masmédula” de ese desajuste donde se pone en juego la escena más contemporánea del arte.

UN FINAL…
Uno de los que más me gustó es el de La luz argentina (1983), de César Aira. Es un final largo, de unas páginas, un final que va decantándose en un modo ensayístico gradual. Transcribo los dos últimos párrafos:

“En el relato suele haber dos personajes, dos héroes que parten desde hemisferios opuestos del día o la noche para encontrarse momentáneamente. La calidad del relato depende del modo en que se combine la fuerza o desvalidez de cada héroe con las horas del día o la noche que ocupe.
Por eso la estúpida actividad de dormir ocupa un lugar preponderante en las narraciones, porque todo el sentido deriva de sus desplazamientos. Es cierto que los héroes deben descansar de sus hazañas, y lo hacen terriblemente. La sucesión de sus sueños de piedra crea el tiempo de las historias, un tiempo doble respecto del real, con un continuum diurno y otro nocturno. La coincidencia de momentos entre estas dos líneas se calcula por inversión geométrica, y el cálculo se llama “sabiduría”. Los narradores de todas las culturas (salvo la post-capitalista) han hecho gran despliegue de sabiduría. A este despliegue se lo ha llamado “contexto”. Cuando los momentos no coinciden, es decir cuando un héroe y otro duermen en el mismo tiempo real, surge una formación de la que da cuenta el modelo moderno del relato: la novela.”


CARLOS RÍOS. Nació en Santa Teresita, provincia de Buenos Aires. Es autor de los libros de poemas Media romana (El Broche, 2001), La salud de W.R. (Dársena3, 2005), La recepción de una forma (Bonobos, México, 2006), Nosotros no (UNL, 2011), Perder la cabeza (Diatriba, 2013), Unidad de traslado (Pixel, 2014) y Excursión a Farandulí (Vox, 2015); de las plaquetas Códice Matta (México, Caja Negra, 2008) La dicha refinada (Dársena3, 2009) y Háblenme de Rusia (Goles Rosas, 2010); de las novelas Manigua (Entropía, 2009), Cuaderno de Pripyat (Entropía, 2012), Cielo ácido (Clase Turista, 2014), En saco roto, Lisiana y Cuaderno de campo (las tres publicadas por Bajo la luna/EME en 2014) y Obstinada pasión (RIL, Chile, 2015); también de los relatos A la sombra de Chaki Chan (Trópico Sur, Uruguay, 2011), El artista sanitario (Postales Japonesas, 2012) y Casapuente (Los Proyectos, 2014). En 2005 fue declarado visitante distinguido por el Ayuntamiento de Huejotzingo, estado de Puebla, México. Actualmente coordina talleres literarios en cárceles bonaerenses, integra el consejo editor de BazarAmericano.com y es coeditor de la editorial platense El Broche.
Fotografía: Lali Solari

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