Artes Visuales

esTé, de Daniela Mastrandrea

Por: Jorge Salas

“esTé” es una serie de piezas donde su poética gira alrededor del universo de los saquitos de té. Un ritual que para Daniela Mastrandrea comienza cada mañana, un despertar que funciona como refugio de un pasado de té y galletas; té y abrazos; té y viento, té y marea. La muestra se compone de diversas experiencias: una serie de grabados, gofrados, técnicas mixtas. Textiles y mantos hechos con saquitos de té y cosidos con sus propios hilitos.

Una combinación de materiales, soportes y técnicas que traducen una responsabilidad crítica porque se vincula estrechamente a realidades en que la artista está inmersa. Un lugar, un recuerdo, una situación.

Cuando las obras se realizan en cierto momento no se pueden separar del contexto en el que han sido posibles. Son el resultado de la evolución personal y de las experiencias, reflexiones, investigaciones, lecturas, conversaciones, encuentros, que marcan cada período de la vida, y que influyen llanamente en una propuesta artística.

“esTé” es un ritual, una sanación, una válvula de escape, una excusa que no ene nada que perder mientras su realidad esté enmascarada, mientras sus contradicciones estén escondidas o veladas. Mientras te levantes cada mañana y calientes el agua.

Daniela Mastrandrea es una artista que vive en la ciudad de Puerto Madryn, provincia de Chubut. Su obra se centra, a grandes rasgos, en la percepción que ene de las situaciones y objetos que la rodean. Tiene mucho de construcción cultural, por lo tanto, se va modificando con el paso del tiempo, y es en ese cambio de percepción donde se sitúa la esencia de su producción.

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Deriva, de Sergio Bonzón

Por: Jorge Salas

  • Deriva001
    Bosque, 2014
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    Deriva, 2015
  • Deriva003
    Deriva, 2017
  • Deriva004
    Mar II
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    Deriva, objeto detalle, 2014
  • Deriva006
    Casita, 2015
  • Deriva007
    Deriva, 2017
  • Deriva008
    S/T
  • Deriva009
    S/T

Pensar una situación sin rumbo, estar en un espacio desconocido, tener pocas o nulas referencias. Descentramiento del ser en su contexto, en un espacio de duda y de decisión a la vez, eso es Deriva.

La obra de Sergio Bonzón genera pequeñas historias mediante personajes u objetos, contextualizados por algún hecho o fenómeno en el que se encuentra implicado. Objetos y pinturas intervenidas creando micromundos que replican en el espectador multiplicando el efecto debido a las propias contradicciones. Sin embargo, en este mundo de lo irreal aparecen estos paisajes en ruina, desolados, deshabitados, como si tuvieran historias que ya nadie recuerda y de repente aparece algún hecho señalando la ausencia de vida y, al mismo tiempo, dando luz al recuerdo.

Panoramas ahora vacíos convertidos en espacios fuera de toda realidad, casi al modo de no espacios, en los cuales se hubiera detenido un tiempo que sabemos inmisericorde, cuyo transitar, desesperadamente lento en ocasiones y vertiginosamente rápido en otras, ha dejado su huella en forma de derrumbes ahora apenas sostenidos por la presencia fantasmal de lo que quedó en pié.

Es en ese preciso momento, la mirada del espectador empieza a transformar la obra dotándola de sentido, al apropiarse de un relato y conflictos ajenos, generando para sí la resolución de un minúsculo trance, o en el peor de los casos se la abandona porque ese drama, esa historia hoy no tiene solución. Sólo nos queda la sinceridad, dejar caer las caretas al suelo y mostrarnos en toda nuestra desnudez sentimental y esperar acontecimientos, porque esa decisión también traerá consigo consecuencias.

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Energía y materia en Paco Hung

Por Flora Francola

Cuando nos acercamos por primera vez a la obra de Francisco Hung, observamos la fuerza de la materia. Luego nos damos cuenta que en sus lienzos se cumple la ecuación de Einstein E=mc² -masa es igual a energía, para ser concretos- lo vemos en el movimiento que la materia pictórica adquiere durante su creación, vemos estallidos que se han suspendido en el tiempo y el espacio. Juan Carlos  Palenzuela, crítico y curador de arte venezolano definiría l las Materias Flotantes de Hung como un cosmos inspirado por el desarrollo de la era espacial.
Para hablar de la obra de "Paco" Hung debo empezar por decir que su padre era chino y su madre venezolana, que con 12 años llega a Maracaibo con cero dominio del castellano, con paciencia aprende a hablar español, haciendo uso del dibujo como un medio alterno para comunicarse con sus maestros en el colegio. Un par de años más tarde se inscribe en la Escuela de Artes Plásticas Julio Árraga y es la pintura el principal vínculo con sus compañeros. En una etapa inicial, la expresión de Paco está influenciada fuertemente por la caligrafía, una gestualidad que va a mantener a lo largo de su trayectoria aunque con el tiempo va a ir mutando; en principio es quizá una forma de nexo con el origen de todo, de la vida, la familia, la lengua, es posible entenderlo como la naturaleza intima a través de la creación del objeto-escritura.

Foto: Audio Cepeda

Por momentos podemos ver figuración y luego perderla, quizá esa despreocupación frente a la etiqueta del ismo marcó la trascendencia de su obra. En sus años de estudiante se pasea por el retrato y el paisaje, toma el pincel como caligrafista frente al lienzo, dibuja trazos libres pero no teme acercarse al puntillismo, por ejemplo, tal es el caso del autorretrato que le hace ganar su primer premio; maneja la solemnidad del blanco y negro presente en la escritura oriental con la misma destreza que consigue al estallar en colores puros primarios y secundarios en sus paisajes. Digo paisajes aunque no siempre veamos la línea del horizonte, no obstante, logra con el manejo del plano la impresión de una escena ocurriendo en la brevedad del tiempo y ubicada en la amplitud del espacio.  

En Venezuela gana premios en salones de prestigio para la época como el Salón Municipal del Pintura y luego el Salón D'Empaire. Con el primero consigue una beca para estudiar en París en el año 1958, donde permanece casi tres años para luego regresar a Maracaibo. Hay un continuo retorno a esa ciudad, según cuenta Maite Hung, su esposa, por la influencia de la luz del trópico que en años de investigación y acción no fue posible encontrar en otra geografía. Participa en la Bienal de París con una mención honorífica, en el año 1963, y luego en la Octava Bienal de Sao Paulo, en Venezuela gana el primer premio el Salón Arturo Michelena en el 65 y el 70. Año siguiente viaja y reside en Nueva York, ya casado y con su primer hijo, escenario que le permite conocer otras formas de arte y continuar con su investigación.

Autoretrato. Foto Alexander Hung

A lo largo de más de cuarenta años de pintura, Hung atraviesa de ida y vuelta los convencionalismos del arte nacional, que lo sitúa como un referente contemporáneo para nuestra generación y las que vendrán. Su padre manejaba la exportación de pescado desde Maracaibo hasta Cantón, Paco siempre estuvo en contacto con el lago, ese puerto que lo recibe después que Japón invadió a China durante la Segunda Guerra Mundial. Hay algo de ese lago en sus Materias Flotantes, dirá Víctor Fuenmayor.

Mucho se habla de arte migrante estos días, Venezuela está colmada de ejemplos. Como Paco Hung, está Renzo Vestrini o Gertrude Goldschmitd. Vale el esfuerzo recordar sus obras como registro de las épocas que vivieron, como referentes del mundo que nos legaron, leer en la intimidad del arte la historia universal.

 

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